Poner la mira en lo eterno: Cómo vivir en el mundo sin que el mundo viva en nosotros

¿A qué velocidad avanzas para hacer la voluntad de Dios? Muchas veces caemos en la trampa de pensar que el tiempo nos sobra. Nos decimos a nosotros mismos: “Bueno, primero tengo que estabilizarme en el trabajo, terminar de estudiar, organizar mi vida, y luego veré cómo Dios me guía”. Sin embargo, la perspectiva bíblica sobre el tiempo y nuestras prioridades es muy diferente.

En Colosenses 3:2, el apóstol Pablo nos exhorta de manera contundente: “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra”. Esto significa enfocar de manera intencional nuestra mente y nuestro corazón en lo eterno, desplazando los principios y corrientes de este mundo.

Para entender la urgencia de este llamado, es necesario profundizar en las palabras de Pablo en su primera carta a los Corintios.

El llamado urgente en 1 Corintios

En 1 Corintios 7:29-31, encontramos un pasaje que a menudo confronta de inmediato:

“Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviesen; y los que lloran, como si no llorasen; y los que se alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa.”

Por el contexto de las Escrituras, sabemos que Pablo no está ordenando abandonar a la familia ni promoviendo la insensibilidad emocional. Lo que el apóstol está resaltando es una verdad fundamental: a veces estamos tan enredados en la cotidianidad y en los moldes de la sociedad, que olvidamos que tenemos un propósito divino y eterno en esta tierra. Nos distraemos tanto con lo legítimo, que perdemos de vista lo prioritario.

El contexto de Corinto: Una megaciudad de distracciones

Para comprender realmente por qué Pablo escribió esto, debemos mirar el entorno de la iglesia de Corinto. En el siglo I, Corinto era una de las ciudades griegas más importantes y un eje comercial masivo con alrededor de 400,000 habitantes. Era, en términos modernos, una megaciudad puerto comparable en dinamismo y flujo a lo que representa hoy Barranquilla en el contexto caribeño.

Geográficamente, Corinto estaba ubicada en un istmo estrecho de unos 11 kilómetros que unía dos partes de Grecia. Tenía dos puertos estratégicos: Lequeo y Cencreas. Las embarcaciones procedentes de Turquía, Jerusalén y el Oriente llegaban a un extremo, descargaban sus mercancías, las transportaban por tierra a través del istmo y las embarcaban de nuevo en el otro puerto con destino a Italia y España.

Esta posición privilegiada trajo tres características marcadas a la sociedad corintia:

  1. Pluralidad y tolerancia cultural: Al albergar a ciudadanos sirios, judíos, griegos y romanos, era una ciudad muy abierta a escuchar cualquier idea o religión nueva.
  2. Gran riqueza y comercio activo: El flujo constante de bienes de lujo generaba un ambiente de alta capacidad adquisitiva y materialismo.
  3. Inmoralidad rampante: La libertad absoluta degeneró en un desorden ético impresionante. Se adoraba en templos como el de Afrodita, vinculado históricamente a la prostitución sagrada, y las uniones matrimoniales se consideraban transacciones que a menudo duraban muy poco o carecían de estabilidad.

En medio de una cultura centrada en el consumo, el placer y el estatus, el mensaje de Pablo cobraba una relevancia extrema.

El concepto del tiempo de Dios: Kairos versus Chronos

Cuando Pablo afirma que «el tiempo es corto», la palabra que utiliza en el griego original para tiempo es Kairos. A diferencia del Chronos (el tiempo cronológico del reloj), el Kairos representa el tiempo oportuno de Dios, el momento propicio y las oportunidades específicas que Él nos concede para cumplir Su voluntad.

Lo que el texto nos advierte es que las oportunidades para servir al Señor en esta vida son limitadas. El estilo de vida de un cristiano no puede ser idéntico al de quien no conoce a Dios. Revisemos el desglose didáctico que hace el apóstol sobre las áreas de la vida diaria:

  • Los que tienen esposa, como si no la tuviesen: No implica descuidar el matrimonio, ya que la misma Biblia ordena cuidar y amar a la pareja. Significa que el matrimonio o la familia no deben convertirse en ídolos ni en el centro exclusivo de tu existencia.
  • Los que lloran, como si no llorasen: El duelo y la tristeza son naturales, y la misma Palabra nos manda a consolar a los que lloran. Sin embargo, el creyente no puede vivir en un luto permanente o desolado como el mundo, que no tiene esperanza, pues sabemos que nuestra realidad final está en manos del Creador.
  • Los que se alegran, como si no se alegrasen: Recibir ingresos, ser honrados o disfrutar momentos familiares es excelente. Pero si el fundamento de tu felicidad y descanso depende únicamente de estas cosas materiales, tu enfoque está desviado.
  • Los que compran, como si no poseyesen: Corinto estaba llena de mercados deslumbrantes donde se vendían sedas de China y especias de Oriente. Hoy en día nos distraemos de igual forma vitrineando en grandes centros comerciales. El problema no es adquirir lo que necesitas; el peligro radica en hacer de las posesiones tu deleite principal o presumirlas para buscar la aprobación y los likes de los demás.

La moda de este mundo se pasa

El versículo concluye señalando que los que disfrutan de este mundo no deben abusar de él, «porque la apariencia de este mundo se pasa».

En el griego, la palabra para apariencia es schema (la forma externa). Curiosamente, versiones clásicas como la King James en inglés traducen este concepto con la palabra fashion (moda). El pasaje nos está diciendo, literalmente, que la moda de este mundo es pasajera.

Estar a la saga de las últimas tendencias, adoptar la jerga del momento o basar nuestra identidad en lo que está «in» no es el diseño bíblico. Dios nos ha dotado del sentido de la estética y el gusto por la belleza —Él mismo diseñó la creación de forma hermosa y simétrica—, pero no podemos permitir que las tendencias efímeras dicten nuestros valores. Los principios de Dios son inamovibles y eternos; si estamos fundamentados en ellos, no necesitamos encajar en las modas del mundo para estar bien.

Como nos recuerda 1 Juan 2:17: “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”

La metáfora de la rana en el agua tibia

Si nos distraemos demasiado con las comodidades y costumbres de la sociedad, corremos el riesgo de sufrir el efecto de la rana en la olla de agua fría. Si se introduce una rana en agua hirviendo, saltará de inmediato para salvarse; pero si se le coloca en agua fría y se empieza a calentar el fuego de manera gradual, el animal se irá adaptando a la temperatura externa sin notar el peligro, hasta que es demasiado tarde.

El enredo con el mundo es sutil. Si nos amoldamos poco a poco a sus prioridades, cuando vengamos a reaccionar, estaremos absorbidos por el materialismo y la autosuficiencia, creyendo falsamente que no necesitamos de Dios.

Nuestra vida en esta tierra es tan corta como la flor del campo, que en la mañana resplandece y en la tarde se marchita. El día para hacer la voluntad de Dios, para reconciliarnos, para leer Su palabra y servir al prójimo es hoy. El mañana es incierto y no nos pertenece.

Mantengamos nuestra mente alerta, usemos los recursos y bendiciones materiales que Dios nos da, pero coloquémoslos siempre al servicio de Su Reino.

Oremos juntos: Padre Celestial, te pedimos perdón por las veces en que postergamos hacer tu voluntad pensando que el tiempo nos sobra. Ayúdanos a comprender que nuestra vida es corta y que debemos vivir centrados en ti y no en los afanes de este mundo. Que nuestras alegrías y tristezas estén alineadas con tu corazón, y que sepamos administrar cada bendición material sin permitir que nos distraiga de nuestro llamamiento eterno. En el nombre de Jesús, Amén.


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