
Es increíble que el Mesías, mientras estuvo en la tierra, no se dio a conocer, no se reveló, a los que tenían la “preparación religiosa” para recibirlo. Porque Él no vino a mejorar la religión, Él vino a cambiar la vida, Él vino a dar vida y vida en abundancia.
No vino a los religiosos de su época, no fue a los fariseos o los escribas, no fue al sumo sacerdote, no fue a los celosos esenios, no fue a los cabalistas, ni fue a los gnósticos, no fue donde estaban los “iniciados” de cualquier secta o ideología de su época.
Jesucristo se reveló a los pescadores, al publicano, a la samaritana, a los que los demás menospreciaban porque eran “pecadores”. También a los maestros que buscaban sinceramente la verdad y no a aquellos que tomaban decisiones por vanidad, orgullo, o egoísmo. Jesús dijo: No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento (Lucas 5:32 RVR1960). Parafraseando lo que dijo Jesús es que Él no vino a buscar a los que se creían justos, sino a los que sabían que eran pecadores.
El apóstol Pablo resaltó a quienes atrajo Dios hacia Jesucristo en 1 Corintios 1:27-31 (RVR1960), sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor. Así que, si alguien se considera menospreciado del mundo, débil, vil, que no es lo esperan, si alguno se siente sólo, vacío, sin propósito, sin amor, sin conexión con su contexto, puede encontrar propósito, sentido, amor, conexión en Jesucristo y un lugar en el reino de los cielos que ya se está extendiendo en este mundo.
A los que se creían justos y buenos, porque creían que podían cumplir perfectamente la ley de Moisés (o cualquier ley), Jesús les llamó “ciegos guías de ciegos” (Mateo 15:14 RVR 1960). Son personas que no engañan a nadie, sólo ellos creen que pueden engañar a Dios y a los demás. Jesús no vino a llamar a esos altivos, sino a los que se humillan por su pecado, a los que reconocen que no son perfectos, no son intachables, no son irreprensibles, a aquellos que humildemente reconocen la necesidad de ayuda divina para poder cambiar, para poder acercarse a Dios.
Jesús dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque habiendo escondido estas cosas de los sabios e instruidos, se las has revelado a los que son como niños. (Mateo 11:25. NVI). Es tierno y hermoso que el mismo Jesucristo alabó a su Padre celestial por revelar estas verdades a los pequeños, a lo vil y menospreciado del mundo y no a los que se creen más justos, más buenos, o los que creen que no le deben nada a Dios porque sus obras buenas compensan las obras malas. No saben que tratar de cumplir la ley en todos sus artículos es imposible, y no es posible compensar un obra con otra. Es una carga pesada que se imponen los moralistas. Y sólo los está guiando su orgullo y su vanagloria.
Jesús dijo el que tenga hambre venga a mí. El que tenga sed venga a mí. Amigo no está hablando de la comida y de la bebida física, está hablando de ese vacío, de esa necesidad interna, de ese algo que falta en la vida, que no hemos podido llenar con ninguna otra cosa que este mundo nos ofrece. NADA puede llenar el vacío existencial. La necesidad de sentido y propósito, la necesidad de perdón, la necesidad de ser amado o amada SÓLO puede ser llena por Jesucristo.
Él decidió amarte desde la eternidad y decidió darte la vida si tú lo buscas, y si buscas su regazo él te recibe con los brazos abiertos y te limpia, te quita la carga pesada y te lleva a su reino amado. Confía en Jesucristo él es el camino, la verdad y la vida. Si eres su oveja oirás su voz y él te sanará, y te limpiará y experimentaras el amor de Jesucristo como nunca antes lo has sentido.
Abre tu corazón y descarga tu vida en sus manos, pídele perdón por vivir haciendo lo que te dio la gana y confía que el sacrificio que Jesucristo hizo en la cruz lo hizo por ti. Si eres su oveja escucharás su voz, búscalo. Deja de esconderte, sea que todos hayan visto quien eres, o sea que nadie haya visto quien eres realmente, no tiene sentido esconderse del único que te ve completamente, estas desnudo ante Dios, y aun así te recibe tal como eres, y Él mismo se encargará de hacer lo necesario para que vivas verdaderamente y te dará la paz, el gozo, que el pecado te ha quitado…
Amén
F.Y. Bernal