Fuerza de voluntad y salvación

Para empezar, debo aclarar que no voy a hablar sobre el libre albedrio y la salvación, esta no es una discusión teológica de esa temática. Voy a compartir una reflexión sobre la manera en la que las características psicológicas de los creyentes tienden a acelerar o a ralentizar la apropiación y el disfrute de los beneficios de la salvación hecha por Jesucristo. Aclaro de antemano que la salvación que ganó Cristo para su pueblo es absoluta y completa, sin embargo, la apropiación subjetiva de la salvación, que hace cada creyente, es un proceso individual y único que depende también de la persona salvada. Obvio, que no menosprecio la Providencia divina y los planes de Dios para cada hijo suyo, sin embargo, es interesante analizar como ciertas cualidades personales influyen en la vivencia de la Palabra de Dios. Este escrito quiere aportar una breve reflexión sobre el impacto de la cualidad llamada “fuerza de voluntad” en la apropiación de la salvación por parte de los creyentes, y cómo esto determina la práctica de ciertas verdades bíblicas. Entremos en materia.

La Real Academia de la Lengua Española define la fuerza de voluntad como “capacidad de una persona para superar obstáculos o dificultades o para cumplir con sus obligaciones”.

Existen personas que de manera natural tienen fuerza de voluntad, son personas que son reconocidas por lograr lo que se proponen, a veces con mucho esfuerzo y a veces sin esfuerzo aparente. Por otro lado, hay personas que parece que no tuvieran ninguna fuerza de voluntad, siempre son víctimas de las circunstancias y nunca logran las metas que se proponen. Surge la pregunta: ¿afecta esta cualidad personal la apropiación de las verdades bíblicas? En un primer momento, podríamos pensar que no debería afectar, porque siempre hemos creído que el evangelio produce una nueva criatura (2 Corintios 5:17) por lo que debería haber cambios significativos en todo creyente y ¡eso es verdad! sin embargo, siendo también bíblicos y realistas, los cambios requieren nuestra participación y es allí donde las características naturales de los individuos afectan. No niego que existen creyentes que manifiestan cambios radicales en su actuar, por la obra del Espíritu Santo, pero en muchas otros casos esto no se da de inmediato. El siguiente diagrama presenta de manera resumida un contraste entre una persona voluntariosa o con fuerza de voluntad y una persona no voluntariosa, y como esto se manifiesta en algunos aspectos de su vida.

Si eres una persona voluntariosa, como lo era el apostol Pedro, recuerda siempre consultar a Dios antes de actuar, no menosprecies a los que no pueden hacer las tareas como tus las haces, porque siempre recuerda que tu mayor tesoro, la salvacion, te la dieron de gracia, no te la ganaste.

Si eres una persona no voluntariosa, deja de mirarte a ti mismo y mira a Cristo, pon tu fe, tu convicción para actuar, en el actuar de Cristo en ti, y no por tu capacidad para hacerlo, ora pidiendo esa convicción para que el Señor muestre su poder en ti de maneras espectaculares.

En resumen, gracias a Dios somos salvos por gracia, porque en ambos tipos de personas se generan situaciones que no se basan en la fe, en el amor y en la gracia, originando momentos de crisis. Sabio el apóstol Pablo cuando enseña en Romanos 14:10 Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O también, tú, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Dios. Es importante que seamos conscientes de nuestras propias cualidades y defectos para saber porque nos encontramos en ciertas situaciones en la vida. Eso nos permite ser más realistas y efectivos para enfrentar nuestras debilidades con la ayuda de Dios, para dar testimonio de la salvación que se nos ha dado en Cristo Jesús, Señor de todos (Romanos 14:3-4).


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