Reflexiones a propósito del Día Internacional de la Mujer

El teólogo William Barclay dijo alguna vez “el pecado produce más pecado”, esta frase no es menos cierta con todo lo que han vivido las mujeres, el abuso físico y emocional, injusticias salariales, etc., estos pecados cometidos contra ellas en diferentes lugares y momentos de la historia han generado diferentes reacciones y movimientos que, aunque para algunos puristas parecen desacertados, en realidad, son consecuencia del pecado contra ellas. El 8 de marzo es un día que recuerda esas luchas para conseguir justicia para las mujeres.

No estamos hablando de buscar el “justo medio” de Aristóteles, ni que debemos buscar un equilibrio para que hombres y mujeres estén contentos. El punto es que si en realidad se aplicaran los principios bíblicos habría la justicia y la paz que todos deseamos, pero no es así. Lo que decimos es que el pecado del ser humano es lo que ha motivado que los fuertes abusen de los débiles, lo que ha provocado reacciones de todo tipo, algunas violentas y otras más pacíficas.

¿Qué tanto daño se ha hecho a las mujeres? la respuesta es inversamente proporcional a la intensidad con la cual se creen y se aplican las verdades bíblicas en diferentes partes del mundo. Mencionaré algunos ejemplos:

  • En algunos lugares de África donde todavía creen en la brujería y no hay temor de Dios, han masacrado poblaciones enteras y han usado las violaciones como instrumento de guerra, incluso han cortado los senos a las mujeres de las tribus enemigas para evitar que amamanten a sus hijos. Y esto en pleno siglo XX.
  • Según la ONU (2021) en 30 países de África y de Oriente Medio y Asia meridional, así como algunos países asiáticos (India, Indonesia, Iraq y Paquistán) se ordena la mutilación genital femenina por parte de grupos religiosos musulmanes. Al menos 200 millones de niñas y mujeres han sido sometidas a este procedimiento. El corte de los genitales externos de las mujeres o del clítoris tiene como propósito, según ellos, evitar que cometan libertinaje e inmoralidad. Y esto en pleno siglo XXI.
  • En el extremo opuesto, según una encuesta de U.S. News & World Report (2020) los diez mejores países para las mujeres son Dinamarca, Suecia, Países Bajos, Noruega, Canadá, Finlandia, Suiza, Nueva Zelanda, Australia y Austria. Todos países con una marcada influencia del Cristianismo protestante, en sus leyes y en sus costumbres.

En muchos países, donde ha habido cierta influencia del cristianismo, no se comenten las barbaries mencionadas anteriormente, pero tampoco significa que la situación esté bien. Hasta hace algunos años, la falta de valoración a la mujer se manifestaba en el trato deshumanizante e irresponsable, en los salarios bajos que recibía, en la falta de justicia hacia su dignidad, la falta de participación en las actividades propias de un ciudadano, como las votaciones, etc. Sin embargo, una serie de protestas surgieron en diferentes lugares y años y tuvieron su efecto y se reconocieron sus derechos como seres humanos (dados por Dios mismo, no por la ONU), y aunque todavía falta que se concreten dichos derechos en algunos países, se han hecho avances importantes en muchos otros.

Ahora bien, en los últimos años ha surgido un movimiento oportunista que ha querido mezclar las cosas. Todos los ciudadanos tienen derechos por el simple hecho de ser seres humanos, derecho a la libertad de conciencia, derecho a tener voz y voto en las decisiones que le afecten como sociedad, derecho a hablar, derecho a la igualdad de condiciones salariales, derecho a la justicia, etc. Son los derechos por los cuales siempre han peleado las mujeres. Pero eso no tiene nada que ver con los actuales movimientos feministas que buscan libertinaje y no derechos. Creen que abortar sin restricciones es un derecho (atentando contra el derecho a la vida), creen que obligar a los niños a estudiar la ideología de género es un derecho (atentando contra el derecho a proteger a los niños), creen que hombres participando en competencias deportivas contra mujeres es un derecho (atentando contra la dignidad de la mujer), han aprovechado las luchas válidas por los derechos fundamentales para incluir dentro de esas luchas peticiones que no corresponden a derechos fundamentales.

¡Apoyo a todas las mujeres que pelean por justicia, por libertad (no libertinaje), por equidad, por igualdad de oportunidades! Esas son mujeres valientes, guerreras, que ayudan a que mejoremos como sociedad en este contexto donde los principios cristianos dan el marco ético para exigir estas virtudes.

Lo otro no es más que el deseo de un grupo particular de la sociedad queriendo imponer su propia ética, y que al final es un adefesio que sólo trae destrucción, retroceso, injusticia y, en últimas, violación a los derechos de los niños y de las propias mujeres.


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