1 Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas !!ay de aquel por quien vienen!
2 Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos.
3 Mirad por vosotros mismos. Si tu hermano pecare contra ti, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.
4 Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día volviere a ti, diciendo: Me arrepiento; perdónale.
5 Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.
6 Entonces el Señor dijo: Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecería.
7 ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa?
8 ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú?
9 ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no.
10 Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.
Evangelio según San Lucas 17:1-10
En el Evangelio de Mateo 18:21 vemos que Pedro hace la pregunta acerca del perdón que aquí en el Evangelio de Lucas se responde más ampliamente.
El teólogo Juan Calvino en su comentario sobre este pasaje de Lucas recuerda dos tipos de perdón. Uno, cuando quien nos ofende no es creyente, dice que en ese caso debemos apartar de nosotros cualquier tipo de venganza, así el ofensor no nos pida perdón. “Cuando Dios nos manda a desear el bien a nuestros enemigos, no nos está pidiendo que aprobemos lo que Él condena en ellos, sino que desea que nuestras mentes estén purificadas de cualquier tipo de odio.”
Calvino recuerda que el énfasis de la enseñanza de este pasaje de Lucas, está en la actitud que debemos tener como hijos de Dios, debemos cuidar nuestro corazón, porque del corazón mana la vida. Y ¿cómo cuidamos nuestro corazón? Óigase bien, pensando los pensamientos que Dios nos enseña en su Palabra. Dicho en otras palabras, llenando nuestra cabeza con las ideas que Dios nos enseña y no dejando espacio para que las ideas o pensamientos de nuestro corazón nos gobiernen. Recordando que Dios es el juez justo que hará justicia por cualquier daño que nos hagan, pero mas aún, si actuamos con misericordia, estaremos reflejando el carácter de Dios en nuestra vida y Dios mismo se gozará en ello y seremos dignos hijos de Dios.
El otro tipo de perdón es cuando el ofensor es un creyente. Dice Calvino que debemos enfocarnos “en pensar favorablemente y convencernos de que su ofensa ha sido borrada ante los ojos de Dios.” Eso tiene lógica porque si es creyente todos sus pecados han sido perdonados en Cristo Jesús. Y porque Dios desea que por compasión levantemos a los que han caído.
Dice Calvino: esta doctrina es muy necesaria, porque, naturalmente, casi todos somos irritables sin medida y Satanás, bajo la pretensión de severidad, nos lleva a un rigor cruel, de modo que los miserables, a quienes se les niega el perdón, sean devorados por el dolor y la desesperación.
Es decir, que al no perdonar a los que se han arrepentido nos volvemos piedra de tropiezo a esos hermanos.
Sigue Calvino: Y este principio se aplica a las faltas cotidianas, en las cuales, hasta el mejor hombre, necesita perdones. Debemos hacerlo de tal manera que la persona que se arrepienta no se desanime de hacerlo.
También es cierto que Dios no nos ordena suspender la capacidad de juzgar las situaciones, pero si hemos visto que una persona ha mostrado sinceridad en su arrepentimiento y actitud de cambio debemos perdonar su ofensa y mostrar con los ofensores la misma misericordia que Dios tiene permanentemente con nosotros.
El Padre celestial siempre está dispuesto a recibir al pecador arrepentido. Y dado que el arrepentimiento es obra del Espíritu Santo, al despreciar un pecador arrepentido, se está ofreciendo un insulto a Dios mismo y a la obra que hace en el hermano.
Ante este panorama, no es de extrañar que los discípulos le dijeran a Jesucristo: Auméntanos la fe!
La respuesta de Jesús a esa petición suena enigmática: “…si tuvieras fe como un grano de mostaza…” Su respuesta abarca el texto desde el versículo 6 al versículo 10, y apunta a resaltar dos puntos:
El primero: la fe se pone en acción cuando actuamos coherente con la fe. El mejor ejemplo de esto es cuando Pedro camina sobre el agua mirando al Señor, cuando aparta su mirada de Jesús empieza a hundirse. EN otras palabras, debemos actuar creyéndole a Dios y nada más, debemos poner nuestra atención y dejar de pensar en otras cosas aparte de lo que Dios nos dice y caminar, así se activa la fe, así se aumenta la fe, caminando en fe. No hay otra manera.
El segundo: cuando habla sobre la situación del siervo que hace lo que tiene que hacer sin esperar ser alabado por cumplir su tarea ( QUE CONTRARIO A LA REALIDAD ACTUAL) siervos inútiles somos por hacer lo que debemos hacer. Hermanos, perdonar y ser compasivos con el hermano arrepentido es algo que debemos hacer si somos hijos de Dios, si el Espíritu Santo mora en nosotros, perdonar no es una opción, es una responsabilidad, es una tarea que Dios nos ha puesto en este mundo lleno de pecado, donde la tendencia natural es la ley del talión, ojo por ojo y diente por diente, nosotros como hijos de Dios debemos vivir conforme a las ley del amor del Reino de los cielos que ya está entre nosotros y se experimenta a través de nosotros.
Como pecadores perdonados por la gracia y la misericordia de Dios en Cristo Jesús, perdonar debe ser parte del halito de vida que exhalamos en nuestro diario vivir.
Si eres creyente puedes y debes hacerlo hasta setenta veces siete, es decir, debe ser una actitud permanente en nuestro corazón. Sino eres creyente no tienes el poder para perdonar. Si quieres hacerlo debes aceptar el perdón que te ofrece Dios a través de su Hijo Jesucristo, quien murió en la cruz por tus pecados si decides creer en esa obra hecha en la cruz. Todos tus pecados son perdonados en Cristo si decides creer en Él y podrás experimentar la paz del corazón que Dios da a aquellos que están en paz con Él. Y con tu corazón lleno de la paz de Dios podrás perdonar a los que te han hecho daño.
Dios es justo, ninguna injusticia es pasada por alto, sea nuestra o de alguien mas, pero si estamos a paz con Dios en Cristo, podremos perdonar a cualquier otro y seguir avanzando en el camino al cual hemos sido llamados por Dios para bendición y para bendecir a los que nos rodean.
Que Dios los bendiga