La escuela para la realeza en el reino de Dios

Si tú has creído en Jesucristo como Señor y Salvador has pasado del reino de la muerte al reino de los cielos, al reino de su amado hijo y has cambiado de estatus. Ya no eres hijo de perdición sino hijo de Dios, ya no eres siervo sino hijo, ya no eres esclavo sino príncipe, ya no eres instrumento del diablo sino embajador de Cristo, y otros títulos más que Dios te da por ser parte del reino de los cielos.

Algunos de los pasajes bíblicos donde se afirman estas verdades son:

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

Romanos 8:16-17

Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.

Gálatas 4:7

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas a su luz admirable.

1 Pedro 2:9

Y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios y su Padre; a él sea gloria él imperio para siempre jamás. Amén.

Apocalipsis 1:6

 y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra. Apocalipsis 5:10

Nadie te va a quitar lo que eres, tu estatus delante del Señor está claro. Nadie te puede quitar los títulos que Dios te ha dado. Nadie te puede menospreciar si Dios te ha levantado. Nadie te puede subestimar si Dios ha pagado un precio tal alto por ti.  

El problema…

Lastimosamente, muchos creen que por ser príncipes, o reyes, real sacerdocio, santos, amados, embajadores, y todos los otros títulos que Dios te ha dado, ya todo está dado y sólo hay que esperar que Dios me haga hacer lo bueno, sólo hay que esperar que Dios me siga llenando de bendiciones y que yo sólo tengo que sentarme a esperar que eso sea así. Otros piensan que sólo deben quedarse afirmándose mentalmente los títulos que Dios les dio y esperar a que se produzcan los milagros. La gente tiene la imagen de que si se es rey o reina sólo deben reclamar los derechos que les corresponden por serlo y le piden a Dios con esa actitud, eso es un engaño garrafal. Esa no es la actitud que enseña la Biblia…y ni siquiera el mundo.

Voy a repetirlo, porque con esto voy a tratar de usar un bisturí, repito: La Biblia enseña que si Dios te ha amado desde la eternidad y te dado la fe para creer, y por lo tanto, eres seguidor de su Hijo Jesucristo entonces también eres príncipe, rey, real sacerdote, embajador de Cristo, amado y santo, etc… y eso es importante tenerlo claro para tener claro nuestra identidad en Cristo. El problema es que muchos cristianos, muchísimos cristianos se han enfocado sólo en los derechos a reclamar por tener los títulos que Dios les ha dado, por su nuevo estado en el que se encuentran y no han visto el cuadro completo. No han mirado todo lo que dice la Biblia al respecto…

La respuesta…

Miren la realidad es que ni siquiera en el mundo se manejan las cosas así, con la dignidad viene un serie de responsabilidades. Para entender mejor esto estuve averiguando cómo es la vida de un príncipe. Leí sobre la vida del Príncipe Guillermo (Prince William, Duke of Cambridge), en Inglaterra- Y no es como lo que muestran en las películas de Hollywood. Estudió una carrera en la universidad, duró más o menos 10 años en el ejército hasta llegar al rango de Mayor. Trabajó en diferentes entidades ante de empezar sus oficios reales. Fue piloto de rescate y terminó su servició en el ejército en el 2013. Trabajó como voluntario en servicio social en áfrica y Chile. Desde niño se le enseño a hablar, a gesticular, la postura correcta del cuerpo y de todo lo que hacía. No se le permitía desordenarse ni perder el control en público. Lo mismo le paso al actual Rey Felipe VI de España: Tuvo que estudiar varios idiomas, estudio derecho y un posgrado relacionado. Tuvo que meterse a hacer carrera militar en el ejército, en la naval y en la fuerza aérea. Luego estudió relaciones diplomáticas y en medio de todo eso practicó squash, esquí y deporte de vela, incluso alcanzó a participar en una olimpiada. En todo se les exigía calidad y ser uno de los mejores. Todo eso lo hicieron para poder prepararse para ser dignos representantes de la corona. Dignos representantes de la realeza.

Mis queridos hermanos de eso es lo que estoy hablando, si todos nosotros pertenecemos a la realeza celestial, al ejercito de Dios, no hemos sido llamados para mostrar una dignidad menor que lo que se le ha exigido al príncipe William de Inglaterra o al rey Felipe de España.

Los principios de vida que he compartido en los sermones no es para que sean hijos de Dios, como seguidores de Cristo ya lo son; no son para que sean príncipes o princesas del reino de los cielos, como cristianos ya lo son; no es para que tengan bendiciones adicionales, ¡ya las tienen todas!…

¡Es para que vivamos conforme a la dignidad que tenemos en Cristo Jesús!

¿De qué sirve ser rey o reina del reino de los cielos, si no estás viviendo como rey o reina del reino de los cielos?

¿De qué te sirve ser sacerdote o sacerdotisa del reino de los cielos, sino estás viviendo como tal?

¿De qué te sirve ser embajador de Cristo sino estás viviendo como tal?

¿De qué te sirve ser santo y amado por el Señor, si vives como si fueras pecador y andas mendigando el amor a otras personas?

Tú deberías estar dando amor, Dios te ha dado un río permanente de amor en Cristo y no lo estás disfrutando, no lo estás viviendo… no estas experimentando el amor de Cristo. Sabes que es una realidad pero no lo estás viviendo…

Tal vez hay cosas que tengas que cambiar en tu vida: tal vez tengas que dejar algunos malos hábitos que llevas años haciendo, o  tal vez llevas años teniendo ideas que no corresponden a la realidad espiritual que Dios te ha mostrado, pero ¿cómo lo vas a saber si no lees con determinación y con ahínco la Biblia?

¿Cómo vas a empoderarte de tu estado espiritual si no oras y hablas con Dios?

Si Jesucristo oraba para hacer la voluntad del Padre y le preguntaba sobre las decisiones que iba a tomar ¿acaso tu eres mayor que Jesucristo que no oras tanto?

¿Crees que repetir palabras de la Biblia va a hacer que las cosas ocurran mágicamente? ¿Crees que el Padre va a escuchar tu oración si no oras conforme a su voluntad? ¿Cómo puedes orar conforme a su voluntad sino lees la Biblia?

Tienes que ser coherente con quien eres en Cristo. De eso se trata conocer a Dios y conocer quiénes somos en Cristo para que vivamos conforme a la dignidad que nos corresponde por ser hijos de Dios

En Teología hay dos palabras que nos pueden ayudar a entender esto mejor, son estado y condición, aunque a veces se usan como sinónimos.

Desde el punto de vista teológico, el estado tiene que ver con quieres eres, y con tu situación legal ante Dios. Y la condición tiene que ver con cómo estas en un momento dado. Por ejemplo: Un príncipe puede ser príncipe por títulos, por sangre, ese es su estado. Nadie le puede quitar eso. Pero puede estar viviendo en la miseria, perdido en el alcohol, esa es su condición. Miren, no deja de ser príncipe por lo que hace, y aunque no actúe como príncipe no deja de ser príncipe y aunque esté en desgracia no deja de ser príncipe. Nunca va a perder su estado, aunque no lo viva plenamente por las decisiones que toma.

Ustedes seguidores de Cristo son hijos de Dios, santos y amados, ese es su estado. Nadie les puede quitar lo que son, aunque algunas veces su condición sea miserable, lastimera, triste…y estén haciendo cosas pecaminosas, aunque estén desanimados, aunque estén angustiados y aunque estén perdidos en los afanes de la vida. Nadie va a quitar el sello que Dios puso sobre ti, el Espíritu Santo. Nadie te va a despojar de tu estado de salvación, de tu ciudadanía, de tu puesto en el reino de los cielos, de tu nombre en el libro de la vida… Pero, mis hermanos, lastimosamente no estamos viviendo conforme a lo que somos, no lo estamos reflejando, porque no estamos haciendo lo que Dios enseña que debemos hacer para que podamos reflejar su gloria, para reflejar su santidad, para reflejar su amor, para reflejar su gozo, para reflejar su paz….para reflejar su poder, para reflejar su luz.

¿Hasta cuándo vas a estar entre dos mundos?, ¿entre dos reinos? escuchando los consejos del mundo y escuchando los consejos de Dios para cuadrarlos y tratar de ajustarlos para usarlos a tu conveniencia.

Te vas reventar o ya te reventaste. Nadie puede estar montado sobre dos carros de carrera, con un pie en uno y un pie en otro…al final te toca escoger sobre cuál carro vas a seguir montado, el final es inevitable y tienes que escoger si crees y confías en que Dios sea tu piloto o si prefieres que el mundo sea tu piloto en esta carrera de la vida.

El apóstol Pablo usa otros títulos que apuntan a cómo debemos obrar siendo hijos de Dios… Pablo dice que somos soldados de Cristo (2 Timoteo 2:3), también dice que somos atletas (2 Timoteo 2:5) o también dice que somos labradores (2 Timoteo 2:6).

Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo.

Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.

Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente.

El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero.

2 Timoteo 2:3-6

Todas estas alegorías de la vida cristiana apuntan a un entrenamiento espiritual que debemos tener al ser hijos de Dios. Todas estas figuras señalan que los frutos se ven después de un proceso… Ningún hijo de Dios se sienta en las bancas a ver pasar el desfile…todos pasamos por la escuela de entrenamiento de Dios, quiéralo o no.

Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman. Santiago 1:12

En el reino de los cielos aunque todos somos hijos de Dios, la Biblia enseña que hay hijos de todas las edades según el apóstol Juan (1 Juan 2):

Os escribo a vosotros, hijitos (teknia), porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre (V12).

Os escribo a vosotros, hijitos (paidia), porque habéis conocido al Padre (V13).

Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno (V13). 

Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno (V14).

Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio (V13).

Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio (V14).

¿En cuál edad espiritual te ubicas? ¿Eres hijito, recién nacido espiritualmente que estas sólo disfrutando LA GRACIA DE CONOCER A CRISTO Y el perdón de tus pecados? O ¿eres un joven, fuerte espiritualmente, con la palabra de Dios en tu mente y que has vencido al mal y has vencido la tentación? O ¿eres un padre, que tiene una relación tan estrecha con Dios que pareces un Abraham?

Hermanos tenemos que ser conscientes acerca de la edad espiritual que tenemos, ojo la respuesta no son los años que llevo siendo cristiano, eso no es lo mismo.

Si aceptamos voluntariamente dejarnos guiar por Dios en su escuela de entrenamiento, podremos crecer como debe ser. Si nos resistimos a participar voluntariamente en la escuela de entrenamiento de Dios seremos unos príncipes y princesas inmaduros, indisciplinados y con una condición que avergüenza.

Basta ya de esas actitudes infantiles…Dios te da el crecimiento pero también quiere que tú voluntariamente decidas participar en tu entrenamiento espiritual para que lo representes con la dignidad que Él merece. Para que seas un príncipe o una princesa de Cristo que lo honra con su vida. Basta ya de estar repitiendo todas las frases bíblicas como muletillas mágicas, sin estar viviendo lo que se dice. Eso es vivir todavía bajo la mentalidad de la iglesia católica romana del siglo pasado… repetir frases y repetir oraciones sin entender ni vivir lo que se dice.

En la Biblia hay ejemplos gráficos y evidentes de cómo afecta vivir siguiendo la escuela de entrenamiento de Dios o vivir haciendo lo que nos da la gana. Son dos ejemplos extremos, uno es ejemplo de alguien que no acepto seguir la escuela de Dios y el otro al principio se resistió pero después siguió obediente hasta el final.

El ejemplo del que no se sometió a la escuela de Dios es el de Lot, miremos el siguiente pasaje:

Entonces salió Lot y habló a sus yernos, los que habían de tomar sus hijas, y les dijo: Levantaos, salid de este lugar; porque Jehová va a destruir esta ciudad. Mas pareció a sus yernos como que se burlaba.

Génesis 19:14

Resumen: ¡Imaginen la escena! Los yernos no le creyeron a Lot. Que triste cuadro, que escena más patética, Lot no tenía ninguna credibilidad espiritual, no tenía autoridad espiritual para hablarles a sus yernos. Había tomado muchas decisiones importantes sin tener en cuenta los principios que Dios le enseño a través de su tío Abraham. La verdad Lot ya había perdido todo cuando los ángeles fueron a rescatarlo.

En cambio, miremos el ejemplo del que se sometió a la escuela de Dios, Moisés:

Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios. Y Aarón y todos los hijos de Israel miraron a Moisés, y he aquí la piel de su rostro era resplandeciente; y tuvieron miedo de acercarse a él. Entonces Moisés los llamó; y Aarón y todos los príncipes de la congregación volvieron a él, y Moisés les habló. Después se acercaron todos los hijos de Israel, a los cuales mandó todo lo que Jehová le había dicho en el monte Sinaí.

Éxodo 34:29-32

A todos los que llamó Moisés vinieron a Él porque estaba lleno del poder de Dios. Moisés inició su caminar estando un poco renuente a hacer lo que Dios le decía y de hablar con el faraón. Pero luego fue obediente en todo lo que Dios le mandó. Y ahora como fruto de toda su obediencia y de someterse a la escuela de Dios reflejaba tan poderosamente la luz de Dios que llamó al pueblo de Israel y todos vivieron a escuchar y seguir sus enseñanzas…

Ambos eran creyentes, ambos eran príncipes salvos por su fe, pero, el punto de todo esto es que vivieron su dignidad de maneras opuestas y eso trajo frutos distintos. La pregunta es ¿a cuál de los dos se parece tu vida? ¿Aceptas voluntariamente participar en la escuela de entrenamiento espiritual en la que Dios te ha llevado o estas de mala gana y peleando constantemente con Dios por lo que hace en tu vida? Evalúa los frutos ¿Tienes la autoridad espiritual que Dios da a los que le obedecen? ¿Los que te rodean reconocen que Dios está contigo y te usa poderosamente? ¿Te respetan por tus dones naturales, por tu carisma, por tus destrezas? O ¿reconocen que cuándo tú hablas Dios te usa? ¿Qué responde tu conciencia?

Hermanos y hermanas nadie les va a quitar lo que son, son hijos del Dios eterno, santos y amados. Pero cómo vivan la dignidad que les ha sido dada depende de su decisión, depende si deciden confiar en Dios y dejarse instruir por Él y aceptan los consejos que Dios les da o si siguen haciendo las cosas a la manera que enseña el mundo.

Que Dios nos ayude a ser dignos representantes de Cristo y nos conceda ver claramente que lo necesitamos a Él y sólo a Él.

F.Y. Bernal


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