Quiero compartir con ustedes una historia que leí de unos cuentos budistas.[1]
” Dos monjes budistas estaban paseando fuera del monasterio. Uno era un viejo maestro aproximadamente de unos noventa años y el otro era un joven principiante. Ellos estaban cerca de una corriente de agua que había inundado sus bancos. Al lado de la corriente había una joven hermosa que les dijo, «Mirad, Maestros, está todo inundado. ¿Me ayudaría usted a travesar la corriente?». El joven monje estaba horrorizado ante el hecho de tener que tomarla para travesar el charco, pero el viejo con calma la tomó y la llevó a través la corriente. Cuando llegaron al otro lado de la corriente, él la dejó y los dos monjes continuaron caminando. El joven no podía dejar de pensar en este incidente y finalmente le dijo al más viejo, » ¡Maestro! Usted sabe que hemos jurado abstinencia. No nos permiten tocar una joven hermosa así. ¿Cómo podría usted tomar a aquella joven hermosa en sus brazos y dejarle poner sus manos alrededor de su cuello, sus pechos al lado de su pecho, y llevarle a través de la corriente así? «. Y el anciano le dijo, «¡Hijo mío, yo la dejé hace rato, pero tú todavía la llevas encima!».
Hoy vamos a hablar de ese sentimiento que tenía atrapado al joven de la historia: del sentimiento de culpa.
En la Biblia podemos encontrar la palabra “culpa” como sinónimo de pecado, por ejemplo, en Levíticos 5:15:
Cuando alguna persona cometiere falta, y pecare por yerro en las cosas santas de Jehová, traerá por su culpa a Jehová un carnero sin defecto de los rebaños, conforme a tu estimación en siclos de plata del siclo del santuario, en ofrenda por el pecado.
El Derecho tomó mucho del concepto de culpa de la Biblia. En el Artículo 23 del Código Penal colombiano se habla de la culpa y se dice que “la conducta es culposa cuando el resultado típico es producto de la infracción al deber objetivo de cuidado y el agente debió haberlo previsto por ser previsible, o habiéndolo previsto, confió en poder evitarlo”.[2]
Sin embargo, en esta mañana vamos a hablar del sentimiento de culpa. Y aquí debo reconocer que me ha gustado mucho la definición que aparece en Wikipedia:
la culpa es un estado afectivo en el que la persona experimenta conflicto por haber hecho algo que cree no debió haber cometido (o de manera contraria, por no haber hecho algo que la persona cree debió hacer). Esto da origen a un sentimiento difícil de disipar impulsado por la conciencia, se caracteriza generalmente como una emoción desagradable o molesta, como la tristeza (estado de ánimo depresivo), ansiedad, irritabilidad o inquietud.
Alice Miller afirma que “mucha gente sufre todas sus vidas por este opresivo sentimiento de culpa, el sentimiento de no haber vivido a la altura de las expectativas de sus padres […] ningún argumento puede superar estos sentimientos de culpa, pues estos tienen sus inicios en los períodos más tempranos de la vida, y es de este hecho del que derivan su intensidad.”5 Esto puede estar ligado a lo que Les Parrott ha llamado “la enfermedad de la falsa culpa[…] en cuya raíz está la idea de que lo que sientes debe ser real. Si sientes culpa, ¡debes ser culpable!»6
Lo que dice es muy claro, y hay que decir que cargar con el sentimiento de culpa es tan problemático como cargar con el pecado, ambas esclavizan y no nos dejan experimentar el gozo de la salvación.
Desde el punto de vista de la psicología cristiana, Jay Adams, en su libro Capacitado para Orientar, dice que el sentimiento de culpa es consecuencia de un juicio de valor. Es decir, que hay que distinguir claramente entre los sentimientos negativos (tristeza, miedo, hostilidad, frustración, ira, desesperanza, culpa, celos) y los pensamientos que los producen. Los sentimientos se experimentan como consecuencia de alguna idea o juicio de valor que estamos pensando sobre nosotros mismos o sobre algo.
| Juicio de valor o idea | Sentimiento que produce |
| No sirvo para nada | Tristeza, desanimo… |
| No puedo cambiar por lo tanto Dios no me puede cambiar | Desanimo, desaliento, a veces ira |
| No valgo nada | Desesperanza, indiferencia… |
| Todo lo que hago es malo | Desanimo, ira… |
| Estoy dañado | Desesperanza… |
Primero viene el juicio: «Tú no sirves para nada» o «no merezco perdón».
Luego viene el sentimiento: me siento triste porque pienso que no sirvo para nada. O Me siento desesperanzado o desanimado porque Cristo no me puede perdonar porque no merezco perdón.
He aquí la clave: SI QUIERES CAMBIAR EL SENTIMIENTO DE CULPA TIENES QUE CAMBIAR LO QUE PIENSAS. Por eso cuando Cristo nos hace nacer de nuevo, nos enseña las nuevas verdades sobre nosotros mismos: «eres nueva criatura», «eres hijo de Dios», «Dios te ama desde la eternidad», «fuiste comprado con algo más valioso que el oro», «nadie te separará del amor de Cristo», «no mereces perdón pero te perdonaron aunque no lo merecías porque Dios decidió amarte desde la eternidad», y así….podemos seguir con una multitud de verdades que Dios nos enseña y que debemos creer que son verdad en oración para que nuestros sentimientos sean renovados. Creele a Dios y tus sentimientos serán renovados.
Veamos que dice el apóstol Pablo con respecto a este tema:
¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.
Romanos 8:33
El apóstol Pablo dice que ya nada ni nadie puede acusarnos delante de Dios, porque el mismo Señor nos ha declarado justos si nos hemos arrepentido de nuestros pecados y hemos confiado en Jesucristo para salvación. Si hemos experimentado el perdón de Dios, experimentaremos la paz que Dios da, fruto de estar en paz con Él:
Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por medio de quien también hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Romanos 5:1-2
Por eso Pablo no deja que su conciencia lo juzgue…
Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo.
1 Corintios 4:3
Si hay algún problema, Pablo, se arrepiente verdaderamente de su pecado y sigue adelante. No estamos hablando de la gracia barata, que enseña que como Cristo te perdonó todos los pecados ya no tienes que arrepentirte de nada, eso no es bíblico. Ningún hijo de Dios puede vivir así, incluso el rey David tuvo consecuencias cuando calló su pecado:
Salmo de David. Masquil. Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay engaño. Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah
Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah
Salmos 32:1-5
David se enfermó por no arreglar las cuentas con Dios, la culpa por el pecado carcome… genera estrés, enferma. El apóstol Juan también nos exhorta a confesar nuestros pecados:
Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.
1 Juan 1:8-10
Y si de verdad confiamos en Dios debemos dejar nuestras cargas a sus pies y confiar en Él más que en nuestro corazón.
En esto sabremos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros corazones delante de El en cualquier cosa en que nuestro corazón nos condene; porque Dios es mayor que nuestro corazón y sabe todas las cosas.
Nadie es perfecto e intachable:
Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo.
Santiago 3:2
Si algo hay que confesar, confesémoslo a Dios. Hagamos las cuentas con Dios, no con nosotros mismos. Toda tristeza con respecto al pecado pasado o presente o con respecto a algo que hicimos o que no hicimos debe llevarnos a los pies de Cristo, sea para pedir perdón o para perdonar:
Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.
Usted se puede sentir triste por lo que ha hecho, pero como dice el pasaje anterior hay tristeza según Dios y tristeza según el mundo. Sentirse culpable y no hacer nada no arregla el problema, hay que arrepentirse verdaderamente, es decir, hacer lo contrario de lo que hicimos. Lo digo de otra manera: SENTIR CULPA NO ES LO MISMO QUE ARREPENTIRSE
En la Biblia encontramos ejemplos de verdadero arrepentimiento. En la parábola del hijo prodigo, Jesús muestra la actitud del hijo verdaderamente arrepentido, que vuelve a su padre, aunque lo traten como siervo.
Y el hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y ante ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo.»
El apóstol Pablo es otro ejemplo, participó en la muerte de Esteban, persiguió a la iglesia, luego cuando creyó en Cristo, reconoció lo malo que hizo y no sólo dejó de perseguir a la iglesia, sino que se convirtió en el instrumento de Dios para llevar el evangelio a los gentiles. Tuvo arrepentimiento verdadero, no se quedó en su lamento, creyó en el perdón de Dios y obedeció a Dios en las tareas que le fueron asignadas.
Porque yo soy el más insignificante de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, pues perseguí a la iglesia de Dios.
Por otro lado, la Biblia presenta el ejemplo de alguien que no tuvo arrepentimiento verdadero, sino remordimiento…pecó y siguió pecando hasta el final:
Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que {Jesús} había sido condenado, sintió remordimiento y devolvió las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: He pecado entregando sangre inocente. Pero ellos dijeron: A nosotros, ¿qué? ¡Allá tú! Y él, arrojando las piezas de plata en el santuario, se marchó; y fue y se ahorcó.
Hermano, ¿tiene algo en lo cual su conciencia le acusa, no le deja tranquilo, no tiene paz, no experimenta el perdón y el amor de Dios plenamente en su vida? ¿No puede dar amor porque no lo siente? ¿No puede sobrellevar a los demás? Tal vez usted tenga sentimiento de culpa, tal vez tenga algunos pensamientos que lo llevan a vivir con tristeza o desanimo permanente en algún área de su vida y eso le puede estar carcomiendo por dentro como un cáncer espiritual.
Lo primero que tiene que hacer es mirar si fue algo que usted hizo o es algo que dijeron de usted. Si fue algo que usted hizo o dejó de hacer pida perdón a Dios, entregue ese pecado a Dios, si usted piensa que su pecado fue o es muy grande, recuerde que no hay nada más grande que el perdón de Dios. Confíe en el amor de Dios a través de Jesucristo. Si le hizo daño a alguien, su arrepentimiento debe llevarlo a tratar al prójimo como Cristo le enseñó y amar a esa persona, no por culpa sino por amor a Dios.
También puede pasar que no sea algo tan grande, pero usted lo ha sobredimensionado. No se detenga pida perdón. No importa el tamaño del pecado, si es grande o pequeño todos fueron pagados en la cruz del calvario, usted no debe nada si ha confesado todos sus pecados y ha confiado en el perdón que Dios le dio por la obra de Cristo en la cruz.
Si es algo que había estado haciendo hasta hace poco, arrepiéntase, cambie de rumbo: pida perdón a Dios y no lo vuelva a hacer. Pida a Dios para que le de arrepentimiento verdadero, es decir, aborrecer, detestar el pecado y amar la hermosa gracia de Dios que nos recibe sin condiciones.
Por otro lado, si es algo que han dicho de usted y usted se lo ha creído, pare un momento filtre lo que le dicen a la luz de la Biblia. Si algo es verdad arrepiéntase, y si es mentira deséchelo. Basta ya de creer lo que dicen los demás de usted. Sólo Dios sabe quién es usted ahora y lo valioso que es. No siga creyendo esos pensamientos, renuévelos por los que la Palabra dice. Tal vez le dijeron que por su culpa pasaron esta o aquellas cosas… a veces los padres cometemos el error de echarle la culpa a nuestros hijos de malas decisiones que nosotros mismos hemos tomado. Si usted ha vivido eso, ya es tiempo de creerle a su padre celestial, a nadie más. Usted no necesita que alguien le diga que su existencia es un problema porque Dios ya le ha dicho que El mismo le dio la vida. Así que no se sienta culpable por existir, ni por ser quien es, ni por no ser igual otros, usted es único e irrepetible nadie es como usted. Recuerde eso que enseña la Palabra.
Hermanos, el propósito de revisar la Palabra de Dios y contrastarla con nuestra vida no es para que nos sintamos culpables de nuestros pecados y andemos viviendo de manera lastimera. El propósito es que identifiquemos cuales son las cadenas que nos tienen prisioneros, las cadenas que nos tienen subyugados bajo la mentira del pecado y nos podamos librar de ellas, recordando que Cristo nos ha llamado a ser libres de la esclavitud del pecado y podamos así experimentar plenamente las extraordinarias riquezas en gloria del Padre de luz y de su Hijo Jesucristo.
Que Dios nos ilumine para veamos la libertad a la que hemos sido llamados.
Que Dios los bendiga…
F.Y.Bernal
Notas al pie:
[1] No se preocupen, aquí leemos de todo, porque creemos en la “gracia común». Creemos que en todas partes Dios ha dejado destellos de su verdad y su Palabra nos ayuda a identificar esos destellos.
[2] Lea más: https://leyes.co/codigo_penal/23.htm
Muy buena enseñanza, gracias
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