El asno, el cerdo, el Salmo 73

Esta semana leí una fábula de Tirso de Molina, que decía lo siguiente:

«Un hombre tenía un cochino y un asno, y los dos vivían juntos en la granja. Pero el cochino siempre estaba presumiendo frente al asno, porque pensaba que su amo le trataba siempre mucho mejor y que era, por tanto, el favorito.

– La verdad, asno-le decía el cochino al asno constantemente- Es que nuestro amo me quiere más a mí. Y si no, fíjate: a mí me da mucha más comida, y no me impone ningún trabajo. Me paso el día retozando al sol. Y tú… mírate… Te pasas el día cargando leña, y apenas te queda tiempo para descansar. Debo de darte mucha envidia…

Y la verdad es que el asno estaba triste, porque en el fondo pensaba que el cochino tenía razón.

Pero un día escuchó los chillidos del cerdo, y al acercarse horas después a la casa, vio cómo su amo se comía al cochino. Entonces, el asno pensó:

– Pues menos mal que mi amo me necesita para trabajar y gracias a los paseos que doy cargando la leña, no se acumula nada de grasa en mi cuerpo… así evito que mi amo quiera comerme.»

«Moraleja: Desconfía de aquello que te den de forma gratuita y no presumas de ello, porque al final te puede salir caro (Fuente:https://tucuentofavorito.com/el-cochino-y-el-asno-fabula-para-ninos-sobre-la-vanidad/ )

Me llamó la atención esta fábula porque representa de forma gráfica y sencilla lo que enseña el Salmo 73. En este Salmo se habla de la crisis que produce en algunos creyentes ver cómo, a veces, personas soberbias son prosperadas y pareciera que Dios no los castigara por su altivez e incredulidad. Miremos lo que dice el Salmista:

1 Ciertamente es bueno Dios para con Israel

Para con los limpios de corazón. 

2 En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies;

Por poco resbalaron mis pasos. 

3 Porque tuve envidia de los arrogantes,

Viendo la prosperidad de los impíos. 

4 Porque no tienen congojas por su muerte,

Pues su vigor está entero. 

5 No pasan trabajos como los otros mortales,

Ni son azotados como los demás hombres… 

En este punto es claro que el autor del Salmo está actuando como el asno de la fábula, le toca cargar leña… le toca caminar, tomar bus, ir a trabajar y le toca trabajar duro para conseguir el pan de cada día y se supone que es cristiano, es decir, que tiene las bendiciones de Dios, pero se pregunta ¿dónde está esa bendición? ¿por qué me toca pasar por todo esto? ¿por qué las cosas no son más fáciles? ¿por qué no tengo más dinero? ¿por qué tanto trabajo? …y mirando su aparente desdicha se compara con los que no siguen a Dios… aquellos que salen en televisión o en el periódico y que parece que tuvieran todo solucionado, y algunos cristianos se preguntan ¿por qué ellos sí? ¿por qué no sufren tanto? Todo es mentira obviamente. Todo es una ilusión. Sin embargo, en la vida nos encontramos con algunos incrédulos mirando con menosprecio a los cristianos que tratan de ser fieles a Dios y no tienen las mismas cosas que ellos. Como en la fábula, el cerdito humilla al asno haciéndolo sentir mal, mostrándole que, aunque él no hace todo el trabajo que debiera, le va mejor que a él. Los jovenes ven a las famosas “socialité”, que, aunque no tienen temor a Dios, les va muy bien económicamente, y con su ejemplo arrastran a esos jóvenes a desear todo lo que ellas tienen. Incluso, las juventudes cristianas se encuentran seducidas a desear dichos lujos.

Así como el asno de la fabula se entristeció porque empezó a creer que la situación del cerdito era mejor, el salmista ha elevado una queja por su situación tan lastimera, tan mala y, al mismo tiempo, ve la buena situación que en la que aparentemente viven los soberbios…

Y repito, lo peor es que estos altivos, acerca de los cuales habla el salmista, se burlan de la fe de los creyentes. Y el creyente llega a dudar…

…16 Cuando pensé para saber esto,

Fue duro trabajo para mí,

Hermanos, es difícil salir bien librados si nos empezamos a comparar, siempre habrá alguien que este mejor que uno en todo. Por eso, la Palabra de Dios nos exhorta a que seamos agradecidos permanentemente. Agradecidos por el trabajo, por el jefe, por la familia, por los hermanos, por los dones y talentos que tenemos, por la comida, por la bebida, así sea agua, en fin, nuestra actitud debe ser de contentamiento y no de compararnos o de quejarnos. Pero Dios es tan bueno, que entendiendo nuestra débil fe, deja una enseñanza en este Salmo para guiar nuestros pensamientos: en el Salmo 73 podemos entender el fin de los soberbios. Pero, eso sólo es posible si entramos al trono de gracia que Él Señor Jesucristo ha dispuesto para que nos acerquemos sin ningún tipo de temor ni de recelo. Sólo cuando el creyente entra en la presencia de Dios, entiende el sentido de las cosas que está viviendo. No tiene todos los detalles, pero entiende, comprende, Dios le muestra el propósito de todas las cosas…incluso de que a él le toque trabajar y a otros menos piadosos les vaya mejor…

17 Hasta que entrando en el santuario de Dios,

Comprendí el fin de ellos.

Y así como al cerdito lo engordaron para matarlo, las personas inicuas, que creen que pueden hacer lo que les da la gana, y no van  a tener consecuencias, sólo están siendo alimentadas, engordadas, engañadas, distraídas para que crean que su camino es el mejor y puedan ser entregadas al castigo eterno. Aunque el diablo o el mundo las distrae, su propia concupiscencia los lleva a alejarse cada vez mas de Dios, no son inocentes:

18 Ciertamente los has puesto en deslizaderos;

En asolamientos los harás caer.

19 !!Cómo han sido asolados de repente!

Perecieron, se consumieron de terrores.

20 Como sueño del que despierta,

Así, Señor, cuando despertares, menospreciarás su apariencia.

No es bueno compararse con los inicuos, con los que no aman a Dios. Cualquier bendición que ellos reciben se convierte en una maldición, porque se convierte en motivo de juicio para ellos que no le dan la gloria a Dios por lo que reciben, antes bien creen que es por sus propias fuerzas que consiguen las cosas, y su actitud altiva confirma eso. Sin embargo, Dios entiende que es difícil guardar nuestro corazón,

21 Se llenó de amargura mi alma,

Y en mi corazón sentía punzadas.

Pero debemos entender que compararnos con los demás siempre es una necedad, una bobada, una torpeza, es actuar como un asno, literalmente.

22 Tan torpe era yo, que no entendía;

Era como una bestia delante de ti.

Y nuestro consuelo, no es el consuelo del envidioso que se consuela en el mal ajeno. NO Y MIL VECES NO. La comprensión de la obra de Dios en nosotros es lo que nos da el consuelo, por entender nuestra situación desde una perspectiva divina:

23 Con todo, yo siempre estuve contigo;

Me tomaste de la mano derecha. 

24 Me has guiado según tu consejo,

Y después me recibirás en gloria. 

25 ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?

Y fuera de ti nada deseo en la tierra. 

26 Mi carne y mi corazón desfallecen;

Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.

¡Increíble! Dios es quien nos lleva de la mano, no somos nosotros los que estamos pegados a Él, es Él quien nos tiene asidos y no nos va a soltar. Nos ha guiado hasta este momento, y nos seguirá guiando porque Él es nuestro Padre y nosotros somos sus hijos. Por eso el salmista dice: fuera de ti nada deseo en la tierra. Los que viven orgullosamente sin Dios, Dios los deja sueltos para que sean llevados por las fuerzas de la maldad, al final sufren la suerte del cerdito de la fábula:

27 Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán;

Tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta.

28 Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien;

He puesto en Jehová el Señor mi esperanza,

Para contar todas tus obras.

Para nosotros los que tenemos una relación con Dios, los que hemos sido llamados por Dios para amarle y servirle, nuestro mayor bien es acercarnos a Dios.

Lo que nos vigoriza, lo que nos motiva, lo que nos levanta, lo que nos da fuerzas, lo que nos aclara nuestra mente, lo que nos llena en nuestro interior es acercarnos a Dios y poner en Él toda nuestra esperanza. Nada más.

Que así sea…


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