Las Naciones Unidas han declarado 2020 como el Año Internacional de la Sanidad Vegetal (IYPH) El objetivo es crear conciencia mundial sobre cómo proteger la salud de las plantas puede ayudar a acabar con el hambre, reducir la pobreza, proteger el medio ambiente e impulsar el desarrollo económico.
El tema agrícola está a la orden del día a nivel mundial y Dios usó muchos consejos agrícolas para enseñarnos principios de vida. El pasaje de hoy tiene que ver con eso. Leamos Jeremías 4:2-4 (RVR1960):
2 y jurares: Vive Jehová, en verdad, en juicio y en justicia, entonces las naciones serán benditas en él, y en él se gloriarán.
3 Porque así dice Jehová a todo varón de Judá y de Jerusalén: Arad campo para vosotros, y no sembréis entre espinos.
4 Circuncidaos a Jehová, y quitad el prepucio de vuestro corazón, varones de Judá y moradores de Jerusalén; no sea que mi ira salga como fuego, y se encienda y no haya quien la apague, por la maldad de vuestras obras.
Jeremías 4:3 en la versión de La Biblia de las Américas (LBLA):
3 Porque así dice el Señor a los hombres de Judá y de Jerusalén:
Romped el barbecho,
y no sembréis entre espinos.
Jeremías 4:3 en la versión Dios Habla Hoy (DHH):
El Señor dice a la gente de Judá y Jerusalén:
«Cultiven terrenos no cultivados;
ya no siembren entre los espinos.
Dios había dado la orden al pueblo de Israel que debía dejar descansar la tierra que cultivaba cada siete años. Se cultivaba por seis años y el séptimo era para descansar la tierra (Levítico 25:1-9). Era una forma de dejar que el suelo recuperara los nutrientes. A esa práctica se le llama “hacer barbecho” y aún hoy es practicada en muchos países con vocación agrícola.
Luego del año de descanso esa tierra se volvía a usar para sembrar. Pero eso significaba que había que preparar nuevamente el suelo para que la cosecha fuera productiva. ¿Han visto un suelo sin usar por mucho tiempo? El suelo se pone duro y crecen plantas silvestres, espinos y otras especies que no son buenas para las cosechas. Para solucionar el problema del suelo había que arar la tierra, hacer los surcos para colocar las semillas. Los surcos no podían ser superficiales sino profundos, de acuerdo con lo que se va a sembrar, para que el agua pueda penetrar y ablande la tierra y facilite el crecimiento de las raíces, de lo contrario, las raíces no pueden romper el suelo y las plantas no crecen bien. Preparar el suelo seco para volver a usarlo para cultivo se le llama “romper barbecho”. Por otro lado, los espinos son diferentes especies de plantas que crecen fácilmente en terrenos abandonados y que dificultan grandemente la labor de cosechar y de tener frutos. Si un campo se sembraba con semillas y no se arrancaban los espinos, estos les robaban nutrientes a las plantas y a veces crecían sobre ellas y las asfixiaban.
Amigos ¿qué quiere decirnos el Señor con todo esto?
Juan 15:16 Reina-Valera 1960 (RVR1960) dice que hemos sido llamados para producir fruto para Dios:
No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.
Jesús va a hacer que haya fruto en nosotros, si nos dejamos usar por el Señor, El nos usará con todo su poder y gloria. Pero ¿estamos dejando que Dios nos use en todas las áreas de nuestra vida?
Hermanos la exhortación que hace Dios en el pasaje de Jeremías es que cada uno debe revisar su corazón para darse cuenta si está endurecido como el suelo sin usar, seco y duro, o si su corazón esta preparado como buena tierra para recibir el mensaje de Dios. Si el corazón está seco y, además, con espinos, el fruto que puede darse es semejante a lo que ocurre en la Parábola del Sembrador (Marcos 4:1-20).
Y ¿cómo sabemos si nuestro corazón está endurecido?
Pues mira cómo es tu respuesta a las cosas que Dios te dice…si tu reacción es fría, indiferente, sino te conmueve, sino te acerca a Él. El diagnóstico es claro, estas endurecido. Si tienes resentimiento en tu corazón, si te dejas llevar por el orgullo, si te dejas llevar por la vanidad, por el egoísmo, por la envidia. Si no buscas el consejo de Dios para tus decisiones. Si no te conmueve la necesidad de tu prójimo. Mi querido hermano o hermana usted está endurecido, por lo tanto, el consejo de Dios es claro, debe romper el barbecho.
Si esto es así debemos arar nuestro corazón, eso es lo que Dios nos pide que hagamos en Santiago 4:8-10…
8 Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.
9 Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza.
10 Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.
Todos los hombres y mujeres de Dios pasaron esa escuela de humillación y oración:
- Ana antes de tener al profeta Samuel sufrió y lloró con agonía delante del Señor y luego lo entregó a Dios, antes de tener mas hijos.
- Moisés antes de ser el libertador de Israel paso 40 años en el desierto
- David cuando pecó reconoció su pecado cuando fue confrontado y surgió el Salmo 51 como manifestación de su arrepentimiento
- Isaac antes de tener hijos oró 20 años para que Dios bendijera a su esposa
- Abraham tuvo que probar su fe, entregando su hijo en sacrificio al Señor
- Israel pasó 400 años en Egipto y así…
- El mismo Señor Jesus sufrió la humillación antes de ser recibido en gloria
Hermanos para que la Palabra de Dios prospere en nuestro corazón y produzca frutos de bendición, debemos arar nuestro corazón, es decir, clamar al Señor por perdón por nuestro pecado de insensibilidad ante lo que Dios nos dice, debemos buscar arrepentimiento para que Dios nos cambie, debemos clamar a Dios para que nos quite el amor al pecado que no nos deja caminar, pecado que nos lleva a un camino de amargura y de falta de bendición, que nos lleva a un camino de sequedad y dureza de corazón.
Aunque Dios es soberano y El cambia los corazones, no significa que debo sentarme a esperar que eso ocurra de manera espontanea, Dios se agrada de los que lo buscan y se humillan delante de El, y a ellos exalta, como dice Santiago 4:10.
Si tratamos de recibir la Palabra de Dios con espinos en nuestro corazón, esa Palabra se asfixiará. Jesús en Marcos 4:18-19 explicó que los espinos eran:
Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa.
Hay que arrancar los espinos del corazón para que la Palabra pueda fructificar. Tengo que dejar de afanarme por lo que el mundo se afana, tengo que dejar de desear las riquezas como si fueran mi fuente de vida, tengo que dejar de codiciar lo que el mundo codicia y más bien, tengo que desear más del agua espiritual que Jesús le ofreció a la mujer samaritana, tengo que desear estar más cerca de Dios y recibir su instrucción y su dirección y su amor, Marcos 4:20:
Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.
Me encontré con una serie de preguntas y respuestas de una clase de escuela dominical para niños que resume la actitud que debemos tener:
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¿Cuáles son algunas cosas sobre las cuales nos preocupamos? (Enfermedades, la escuela, amigos, familia.)
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¿Debemos dejar que estas preocupaciones sean más importantes que Dios? ¿Por qué sí o por qué no? (No, Dios nos puede ayudar.)
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Estas cosas son algunas de nuestras cosas favoritas: juguetes, deportes, comida y mascotas (podríamos añadir Trabajo, familia, etc). ¿Estas cosas deben tener más importancia en nuestras vidas que Dios? (No, Dios debe ser lo más importante.)
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¿Cómo podemos estar seguros de que pasemos tiempo con Dios cada día? (Reservar un tiempo específico todos los días, hacer que sea importante.)
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¿Cuáles son algunas cosas que podemos hacer para incluir a Dios en nuestras vidas diarias? (Orar, leer la Biblia, ser agradecidos, cantarle a Dios.)
Sigamos estos consejos para que Dios limpie y prepare el terreno de nuestro corazón, para que su Palabra fructifique en nosotros.
Amén