¿QUIÉN SOY YO?

¿Quién soy yo?

¿Qué me define?

¿Mi carácter? ¿Mi temperamento? ¿Mi voluntad? Esas son sólo manifestaciones de mi yo interior

¿Cuál es el mínimo irreductible que corresponde a mi esencia?

Durante años la percepción de mí mismo estuvo orientada por lo que dijeron de mí y por lo que ocurrió a mí alrededor o por lo que he hecho o por lo que me hicieron, eso sumado a mis propias tendencias psicológicas, pero, todo lo anterior ¿realmente define quién soy? ¿Eso es todo?…

Cuando somos llevados al límite de nuestras capacidades, es cuando nos enfrentamos a esta pregunta trascendente ¿Quién soy yo? ¿Hasta dónde puedo cambiar y seguir siendo yo? La respuesta depende qué considere quien sea yo: ¿Mi forma de hablar? ¿Mi forma de vestir? ¿Lo que pienso? ¿Mi forma de responder emocionalmente? ¿mi forma de responder a los problemas?, ¿cómo me veo? ¿Eso que veo determina lo que soy?

Cuando somos forzados por las circunstancias a cambiar, es cuando nos preguntamos ¿hasta dónde? Muchas veces la resistencia al cambio se da porque peleamos rabiosamente en nuestro interior para seguir siendo lo que hemos sido, y consideramos amenaza cualquier presión externa que nos obligue a cambiar y a perder de vista ese yo al que nos hemos acostumbrado y que valoramos porque nos ha permitido llegar hasta donde estamos. Existen otros, que por el contrario, quisieran desesperadamente cambiar, porque odian donde están y se odian a sí mismos y no pueden con la culpa por ser quienes son o por las decisiones que han tomado, pero parece que no lo pueden hacer. Para aquellos que se aceptan como son surge esta pregunta: ¿qué pasa cuando las circunstancias u otras personas nos llevan al límite porque no es suficiente ser como somos?

Al pensar en estas cosas entendí que lo primero es tener claro que, aunque yo no tuviera en cuenta la opinión de los demás para definir quién soy, todavía quedaría una persona a la que tengo en cuenta en mi autovaloración: a mí mismo, así que inevitablemente siempre tendré en cuenta la opinión de alguien para definirme, y aunque mi opinión es muy importante, hay alguien cuya opinión es un millón de veces más importante: DIOS.

¿Qué dice Dios de mí?

Que soy su hijo, eso es importante y a la vez no es extraño, muchas veces nos definimos por las relaciones que tenemos, soy hijo de…, amigo de…, hermano de…, en fin, el tener relación con alguien importante nos da unos puntos adicionales de autovaloración y orienta la tendencia de nuestras decisiones. Bueno, Dios mismo establece una relación, una relación cercana y estrecha conmigo, soy su hijo. Si he creído en Jesucristo como mi Señor y Salvador entonces Dios dice que soy su hijo. Y si lo pienso detenidamente… Soy hijo de Dios,… del dueño de todo, del padre de todo, del Creador y Todopoderoso Dios que dirige los cielos y la tierra, el mundo visible y el invisible…soy su hijo y ¡eso es increíble! Tengo acceso a Él cuando lo necesite, puedo confiar en Él como un niño confía en su padre amoroso…En Romanos 8:35-39 dice que “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?… Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” Su amor es incondicional y ni siquiera depende de mí mismo o de lo que haya hecho porque en otro punto dice “que nos amó antes que lo amaramos a Él” (1 Juan 4:19).

Pensando en que siendo hijo de Dios encuentro significación, entendí que por eso Dios permite que algunos de sus hijos experimenten situaciones extremas, para que aprendamos que nuestra autoestima no se  debe fundamentar en lo que tenemos: reinos, caballos, mulas, camellos, hijos, mujeres, cultivos, fuerza, sabiduría, etc. El famoso pasaje de Habacuc 3:17-18 nos recuerda este punto: “Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación.”

Ni siquiera debemos fundamentar nuestro significado en nuestra integridad, recordemos que Job en su dolor le reclama a Dios con estas palabras “Péseme Dios en balanzas de justicia, Y conocerá mi integridad” (Job 31:6) para al final reconocer que todo lo que dijo fue sin sentido y que no había argumento para lo que pasaba, sólo ocurrió porque Dios lo permitió y punto (Ahora sabemos que Dios siempre tiene propósito en lo que hace, aunque no lo entendamos en su momento).

El rey David también entendió que lo más importante para él era su relación con Dios y ese era el motivo de su alegría, aunque sufrió situaciones muy dificiles: menospreciado por su familia, perseguido por los que amaba, atormentado por su propio pecado, los Salmos reflejan como David encontraba la salida de todo ello. Tanto Job como David al estar frente a Dios pudieron entender y diferenciar que, aunque Dios es soberano, los que los lastimaron fueron enemigos de Dios y por ello Dios los castigará (o destruirá como dice David, Salmo 73) en su momento, conforme a su justicia, y al entender esto se fortalecieron y pudieron recibir el consuelo del Eterno.

Entender quiénes somos, es un tema tan relevante, tan actual, y sin embargo, muchas veces mal enfocado, que cada cierto tiempo se reportan noticias de agresiones de personas que pretenden violar la ley y se justifican con esta pregunta: ¿usted no sabe quién soy yo? diferentes tipos de personas tratan de hacer creer que son superiores por lo que tienen, o por las relaciones que manejan y no es así. A estas personas se les podría aplicar las palabras de apocalipsis 3:17, “porque dicen: “soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad; y no sabes que eres un miserable y digno de lastima, y pobre, ciego y desnudo,…”

Jesús mismo preguntó una vez ¿quién dicen que soy yo?… Pedro respondió ¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente! (Mateo 16:13-20) Aún Jesucristo está definido por su relación con su Padre. El pasaje paralelo nos revela algo más en esta situación Lucas 9:18-21 dice que Jesús estaba orando con sus discípulos. Fue en un momento de intimidad con Dios donde se revela quien es Jesús, es en los momentos de intimidad donde descubrimos a Jesús y por ende descubrimos quienes somos en Él.

La situación de Moisés en la zarza (Éxodo 3:11) nos revela aún más en este asunto: Cuando Dios se le revela en la zarza ardiente que no se consume y le envía a liberar a su pueblo, Moisés responde con la pregunta ¿quién soy yo para ir al Faraón? …es decir, Moisés está viendo una manifestación de Dios y escucha la orden de Dios y ¿qué es lo primero que ve Moisés cuando escucha a Dios? ¡A sí mismo! ¡No ve a Dios, se ve a sí mismo!  Increíble, pero es la triste realidad, cuando Dios nos habla y nos enseña algo o nos ordena algo nuestra reacción natural es ¡mirar nuestras limitaciones! Y cuál fue la respuesta de Dios: Ve porque YO ESTARÉ CONTIGO. La respuesta de quién soy no se resuelve mirándonos a nosotros mismos, ni buscando en nuestro interior, ni escuchando nuestro corazón, se resuelve mirando con quien estamos o más bien QUIEN ESTÁ CON NOSOTROS: ¡el Todopoderoso!

La pregunta correcta cuando Dios nos pide hacer algo no es ¿quién soy yo para…? La pregunta correcta sería ¿QUIÉN ES DIOS? La respuesta a dicha pregunta nos ilumina y nos muestra la visión correcta de las cosas.  Entonces tendremos claro que podemos vivir la vida cristiana y podemos enfrentar al Faraón y podemos superar el temor, y podemos superar la angustia, y podemos superar el pecado que nos esclaviza, y podemos vivir la libertad cristiana, y podemos gozarnos, y podemos ser agradecidos y podemos tener contentamiento, porque ¡¡¡DIOS ESTÁ CON NOSOTROS!!!!

Amigos, hermanos y hermanas, lo que nos alegra revela quienes creemos que somos y donde está nuestro corazón. Jesús se alegró al ver la obra del Padre (Lucas 10:21, Mt. 11:25-27) porque Él y el Padre son uno.

¿Qué nos alegra o qué nos desmotiva más?

¿El estatus en el que estamos?

¿Las relaciones sociales que tengo?

¿El dinero que tengo o que no tengo?

¿La integridad que tengo?

¿Los artículos de lujo o de tecnología que tengo?

¿Lo que dice mi novia/esposa o mi novio/esposo de mí?

¿Lo que dice mi familia de mi?

¿Lo que dicen de mí?

O,

¿Me alegra mi relación con Dios, me alegra ver la obra de Dios y a Dios en acción?

¿Me alegra ser usado por Dios?

¿Me alegra como Dios bendice a mis hermanos?

¿Me alegra servir al Señor en lo que Él me necesite?

Si es así Gloria a Dios, significa que estamos cerca de Él y hemos crecido espiritualmente, pero si no es así, significa que estamos aún en la carne y no en el Espíritu en la búsqueda de nuestro significado.

¿Quieres ser más espiritual? ¿quieres encontrar tu significado? ¿quieres saber quién eres? mira a Dios, cree y obedece, tu obediencia llevará a que tus talentos (conocidos o desconocidos para ti) sean perfeccionados y moldeará lo que tengas que cambiar. Tu valor está definido por lo que Dios dice de ti. Tu significado debe estar basado en tu relación con Dios, conoce más a Dios, estudia sus atributos, ora pensando en ellos. Job, Moises y David vivieron situaciones muy dolorosas, pero comprendieron quienes eran, vivieron su situación y siguieron adelante cuando miraron a Dios, Dios mismo los consoló, los fortaleció, y los elevó a nuevas alturas.

Pasa tiempo a solas con Dios para que a través de la oración y la meditación en la Palabra, el mismo Espíritu Santo reafirme en tu corazón quién eres en Cristo Jesús.

 

F.Y. Bernal


Deja un comentario