Lastimosamente no todos los cristianos se hacen esta pregunta, Dios nos exhorta a que le consultemos ante cualquier decisión, por sencilla que sea, para conocer si es su voluntad (1 Samuel 30:8). Para los más jóvenes parece evidente que la respuesta es afirmativa. Sin embargo, la realidad de la situación no es tan evidente como parece. Dios es un Dios de orden y todo tiene su proceso (1 Corintios 14:33,40).
Que debemos luchar contra la corrupción, eso es claro, la Biblia exhorta, motiva, a luchar contra el pecado, lo cual es sinónimo de corrupción en la Biblia (2 Pedro 2:19). Pero, debemos seguir el debido proceso, la misma Palabra de Dios enseña que el inicio de la lucha contra la corrupción es en nuestro corazón, en nuestra cotidianidad (Marcos 7.21–23). A los que les gusta la acción hagamos unas preguntas de acción y evaluemos sinceramente como vamos en la lucha contra la corrupción:
- ¿Oro todos los días, confieso mis pecados y descanso en su gracia y perdón en Cristo?
- ¿Oro por las autoridades, por el presidente, por el congreso, por el alcalde, por los que gobiernan en general, como enseña 1 Timoteo 2:2?
- ¿Participo responsablemente en la elección de personas que tienen en cuenta los principios bíblicos para gobernar?
- ¿Respeto la justicia y la aplico en mi vida siendo justo, responsable y disciplinado cada día (por ejemplo, no hago trampa en los exámenes, no me vuelo turnos en las filas, etc.)?
- ¿He renovado mi entendimiento para no estar influenciado por ideas de derecha o de la izquierda socialista en lo social ni en lo económico?
Amigos, si estamos viviendo de esta manera, si estamos haciendo estas cosas Dios mismo con toda seguridad nos usará para ser sus instrumentos en el cambio de este país, porque el cambio comienza con cada persona y se va extendiendo a la sociedad, no al revés. Si pretendemos exigir cambios sin que nosotros mismos seamos ejemplos de ello, sólo seremos unos hipócritas y seremos semejantes a los políticos que prometen en campaña y no cumplen o, como los políticos que sólo denuncian, pero cuando les toca gobernar no son mejores que los que denunciaron, y ahí sí se nos aplicaría lo que dijo el Señor Jesús: “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”.
Ahora bien, estamos de acuerdo en que debemos denunciar la corrupción en cualquier esfera de la sociedad. Dios mismo levantó profetas en el Antiguo testamento para hacerlo. Pero miren lo que Dios hizo, eran personas que tenían ejemplo de vida y denunciaron la corrupción siguiendo los lineamientos que Dios mismo estableció.
Dios dirigió históricamente a sus hijos para que crearan la democracia actual, no la ateniense, sino la parlamentaria. Tristemente, los hijos de Dios en Colombia no habían asumido la responsabilidad de ser sal y luz en esos espacios y obviamente fueron ocupados por muchas personas que sólo tenían afán de lucro. Es licito buscar el cambio, pero ¿Por qué los cristianos no votaron por más cristianos preparados para las esferas de gobierno? ¿Por qué muchos cristianos terminaron apoyando opciones no cristianas que les prometieron gobierno impoluto o sin corrupción? ¿por qué los cristianos son tan crédulos con los no cristianos que prometen la salvación en el gobierno, o en la economía, cuando ello ontológicamente no es posible? Son preguntas para reflexionar.
Si después de reflexionar y con la conciencia tranquila, asumes delante de Dios el reto de seguir luchando contra la corrupción en lo público, debes prepararte, debes conocer la cosmovisión cristiana de la política, del gobierno, de lo económico, de lo público, de lo social. Además, debes conocer los instrumentos legales y democráticos que existen para luchar contra la corrupción, y puedes usar esos instrumentos.
Uno de esos instrumentos es la protesta colectiva, pero debes estar seguro de que tu participación contribuya al bien común y que tengas claro cuál es la propuesta cristiana que contribuya a la solución del problema. ¡¡OJO!! Si vas a participar en la protesta hay hacerlo de tal manera que no seamos participes de las obras de las tinieblas. Lo ideal es que si vas a marchar y eres hijo de Dios debes hacerlo como Dios manda, debes orar primero (1 Tesalonicenses 5:17), clamar por justicia ante Dios, debes orar por el presidente, para que Dios lo guíe y sus decisiones contribuyan a la paz necesaria para la predicación del evangelio (1 Timoteo 2:2), por el pueblo de Dios para que Él nos use como sal y luz donde estemos y luego, puedes marchar sin desordenes, sin violencia, sin agresiones. ¡Que se note que eres santo!, si como cristianos vemos actos de violencia o de peligro para los demás, no debemos ser corruptos, debemos denunciarlo ante las autoridades pertinentes. No debemos pintar paredes, no debemos ocultar nuestro rostro, no debemos participar de desórdenes, ni estimular el caos que busque la inestabilidad de las instituciones.
El problema de corrupción en el gobierno no lo van a solucionar ni Álvaro Uribe, ni Gustavo Petro, ni Iván Duque, ni Claudia López, sino personas que rindan su corazón a Dios y respeten los principios bíblicos de tal manera que manifiesten una ética elevada, por convicción, en su puesto de trabajo.