El texto que vamos a estudiar esta mañana puede servir de guía para ayudarnos a tomar decisiones este año que comienza:
“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.”
1 Cor. 10:31
Voy a comenzar aclarando que no vamos a estudiar lo que es la gloria de Dios en sí misma, eso es imposible de hacer, nadie puede ver la gloria de Dios como es en sí misma, ni siquiera los ángeles pueden hacerlo, recuerden que cuando Moisés pidió ver la gloria de Dios sólo se le permitió ver un atisbo de su gloria o como dice el texto “su espalda”, sin embargo, lo que nos atañe en esta mañana es lo que significa darle la gloria a Dios, lo que como cristianos debemos hacer conforme a los que nos pide este pasaje de Corintios.
Existen muchos otros pasajes donde se habla sobre la gloria de Dios, especialmente los Salmos son ricos en textos al respecto, por ejemplo:
“Dad a Jehová la gloria debida a su nombre.” Salmos 29:2
“En Dios está mi salvación y mi gloria.” Salmos 62:7
“…proclamad entre las naciones su gloria” Salmos 96:3
Sin embargo, hay una diferencia entre estos pasajes y el texto de Corintios que estamos leyendo. 1 Corintios 10:31 es muy específico aclarando en qué tipo de actividades debemos darle la gloria a Dios: dice que si comemos o bebemos o hacemos cualquier cosa, debemos hacerlo para su gloria. ¡Imagínense ustedes!… algo tan sencillo o trivial y hasta instintivo, si tenemos sed vamos a la nevera y tomamos algo de agua, regularmente no pensamos mucho en ello, no nos preguntamos cómo estamos bebiendo o cuándo o dónde, sencillamente tomamos el vaso de agua y lo bebemos. Pensar en darle la gloria a Dios bebiendo o comiendo, siendo actividades que regularmente hacemos de manera desprevenida y descomplicada, parece una exageración y una complicación de nuestra vida, pero, de hecho, no lo es cuando amamos a Dios y queremos agradar a quien nos ama y nos dio la vida eterna.
El apóstol Pablo nos enseña como Dios quiere que vivamos, nos pide que examinemos cada aspecto de la vida y lo sometamos a un examen riguroso para ver si todas y cada una de los cosas que hacemos las estamos viviendo para Dios y su Gloria de Dios o si las estamos haciendo para vivir deseos pecaminosos, no hay mas alternativas.
Max Weber en su libro “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” hace un análisis del origen del desarrollo económico, cultural y social de occidente y encuentra que la ética de los puritanos fue un factor clave en este proceso, recordemos que los puritanos eran creyentes de Inglaterra. Weber encontró que el estilo de vida que tenían estos puritanos era consecuencia de su fe y consideró que habían dos doctrinas bíblicas que sirvieron de soporte para su vida práctica: la predestinación y la gloria a Dios. Los puritanos buscaban darle la gloria a Dios en todo lo que hacían, con las consecuencias históricas que conocemos ahora: la puntualidad inglesa, los buenos modales, el uso de cubiertos para comer, etc., son todos frutos de la fe de estos creyentes, su fe moldeó la cultura y ahora experimentamos sus frutos. Ellos buscaron darle la gloria a Dios en todo lo que hacían. Pero, ¿Qué significa darle la gloria a Dios en todo lo que hacemos?
Algo que nos ayudará a entender esto es recordar lo que significa la palabra «gloria». En hebreo, la palabra «gloria» significa «darle el peso o la importancia debida a algo». Pongámoslo así, si nuestro jefe llega a la casa ¿cómo lo atendemos?, le decimos “coja esa silla” o “coja para allá”, no, de ninguna manera, antes por el contrario lo atendemos, le traemos la silla y lo acomodamos para se sienta bien, le damos la importancia que corresponde a su dignidad, porque es nuestro jefe, eso es darle la gloria al jefe. Imaginemos por un momento que el Presidente de la República fuese a visitar la iglesia, que nos fuera a acompañar en un culto, ¿qué haríamos? inmediatamente pensaríamos en llegar temprano ese día, no vestiríamos seguramente con ropa informal como algunos lo hacen para venir al culto, sino que vendríamos mas formales en el vestir, pensaríamos en arreglar los daños que se ven en la iglesia, los abanicos, la pintura, el cielo raso, y todos aquellos detalles que hemos pasado por alto estos meses serían mas importantes ahora, de esta manera tendríamos y organizaríamos la iglesia para que se viera presentable para la visita presidencial, eso mis queridos amigos es darle la gloria al presidente, es darle la importancia debida, el peso que le corresponde. Nosotros lo consideramos importante y por eso pensamos en todos los detalles para que no halla ninguna falta para su visita, eso es darle la gloria a alguien. La pregunta es ¿le damos la importancia debida a Dios?. Ahora entienden por qué cuando Dios nos pide que le demos gloria cuando comemos o bebemos no está exagerando, cuando consideramos a alguien importante cuidamos que los detalles queden bien para recibirlo y entre mas importante lo consideramos más detallistas somos en ese cuidado. Dios es el Señor más importante sobre la faz del universo ¿qué nivel de cuidado debemos tener para darle la atención debida a su dignidad y a la gratitud que le debemos?
Otra cosa, si nos dijeran que el presidente viene esta semana trataríamos de hacer todos los arreglos antes de su llegada, si Dios hubiese dicho que Cristo viene por segunda vez en febrero de 2008 ¿qué creen ustedes que habría pasado? Tal vez nada, los cristianos en la historia pasada no habrían hecho nada porque muy seguramente se habrían confiado de que todavía faltaba mucho para la venida del Señor y no se habrían esforzado en hacer su voluntad y en este momento no existiría democracia, ni ciencia, ni Newton hubiese sido Newton, ni Bach hubiese sido Bach, ni existirían ninguna de las bendiciones que hay en este momento en la tierra. Pero ¿qué nos ha dicho el Señor? Que Él vendrá como ladrón en la noche (Mateo 24:42-44), ¿Qué pasaría si alguien te avisara que un ladrón se va a meter a tu casa esta noche? muy seguramente pasarías en vela, no dormirías esperando la llegada del ladrón, te armarías o buscarías a alguien armado para que te protegiera, en fin, estarías a la expectativa toda la noche para que no te pase nada, esa es la actitud que Cristo quiere que tengamos ante su retorno, que estemos preparados para presentarnos ante el Señor sin ninguna mancha, que nuestra casa este arreglada y nosotros mismos estemos listos para su llegada, que puede ser en cualquier momento, ¿Cuál es nuestra actitud en este momento?¿estamos preparados para su llegada?, es mas ¿lo estamos esperando?.
Puritanos como Richard Baxter escribieron sobre cómo pasar el día con Dios. Escribió no sólo de cómo, cuándo y dónde comer y beber sino incluso de las relaciones que debemos mantener, de las conversaciones que debemos tener, etc., por ejemplo, él decía que si alguien empezaba a tener una conversación vana y superflua con nosotros lo desecháramos y huyéramos de ahí para evitar que esa persona nos haga perder tiempo valioso. Este comentario no es una exageración religiosa y medieval de Baxter, es sencillamente tener en cuenta lo que el apóstol Pablo nos dice en Colosenses 4:5, que debemos redimir el tiempo.
Hermanos darle la gloria a Dios es darle la importancia que merece su presencia en nuestra vida, es darle todo lo que somos y lo que tenemos para atenderlo a Él, por eso un pasaje que es sinónimo del que estamos estudiando es el primer y gran mandamiento:
“…Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.” Mat. 22:37.
Estudiando el Catecismo Menor de Westminster con mi hijo, recordé que la pregunta 101 explica la primera petición que le hacemos a Dios cuando oramos conforme al Padrenuestro: “santificado sea tu nombre”. La respuesta que da el catecismo es: “…rogamos que Dios nos capacite a nosotros y a otros para glorificarle en todo aquello en que se nos da a conocer; y que todo lo disponga para su propia gloria”. Esta claro que cuando pedimos que sea santificado el nombre de Dios estamos pidiendo que podamos darle la gloria a Dios en todo lo que hacemos y que todo lo que ocurre sea para su gloria.
La única forma de estar capacitados para darle la gloria es estar cerca de Él, que su rostro nos ilumine para que podamos reflejar su luz, Sal 67: 1-3, como ocurrió con Moisés en el monte Sinaí, Éxodo 33:18-23, 34:29.
Para terminar, debemos preguntarnos ¿cómo atendemos a Dios cada día? ¿Examinamos cuidadosamente cada detalle de lo que hacemos en el día y verificamos que le dimos la importancia a los consejos de Dios y a su presencia en nuestra vida?
Mostremos nuestro amor a Dios haciendo todo como Él nos enseña y podremos impactar con nuestra vida en la cultura que nos rodea. Amén.
Sermón Enero 2008
F.Y. Bernal