Tengamos Fe como la de Abraham

 

Leamos el pasaje de Génesis 15:1-6:

1 Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.

Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?

Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa.

Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará.

Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.

6 Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.

Observen la situación de Abraham:

  • Dios se acerca a Abram y le promete algo… yo soy tu escudo…etc.

  • Abram se queja porque no tiene heredero y todo quedara a manos de un esclavo

  • Dios le responde…con una promesa, la gran promesa: tendrá una descendencia como las estrellas del cielo.

¿Cuál es la actitud de Abram en ese momento? Creerle a Dios, confía en lo que Dios le dice y su ansiedad acerca del futuro desaparece. Pero, para entender más cuál fue el proceso de pensamiento de Abram, y porqué es el padre de la fe, el mismísimo apóstol Pablo decide explicarlo en Romanos 4. Voy a resumir el argumento de Pablo:

  • Miro su cuerpo y su fe no se debilitó (Rom. 4:19). Pablo dice que estaba casi muerto, de casi 100 años. Abram no puso su mirada en sí mismo, ni en sus debilidades, ni en su capacidad de hacer algo, pasó por encima de sus propios temores, de sus propios pensamientos y decidió confiar (tener fe) en Dios.

  • Miro la esterilidad de Sara y su fe no debilitó (Rom. 4:19). Abram tampoco cuestionó a Dios por la situación de Sara. Ella era estéril y además también era mayor de edad por lo que la posibilidad de que concibiera era nula, sin embargo, Abram no dudó de la Palabra de Dios, le creyó más a Dios que a su realidad física, le creyó más a Dios que a la condición de Sara.

  • No dudó, por el contrario, le dio gloria a Dios (Rom. 4:20). Alabó a Dios por sus promesas. Como consecuencia de creerle a Dios lo alabó, lo glorificó, le dio la honra debida por darle esa promesa…

  • Abram estaba plenamente convencido que Dios era PODEROSO para hacer lo que dijo (Rom. 4:21). Abram sabía, tenía la convicción, la certeza del poder de Dios para hacer lo que Él decía. No había ninguna duda al respecto. No contraargumentó con Dios, no cuestionó su promesa, no preguntó los detalles del asunto, no preguntó los tiempos. Tan sólo creyó las simples pero contundentes palabras de Dios y lo alabó.

¡¡¡¡Y su fe le fue contada por justicia!!!!

Su confianza en Dios, la convicción de que Dios iba a cumplir, le dio tranquilidad a su corazón, le dio paz a su alma con respecto al futuro. Por eso se convirtió en el Padre de los que tienen la misma actitud que él, de los que son de su misma fe en Dios (Rom. 4:16). Y Dios tomo esa convicción de Abram y la sopesó como si fuese justicia, dando inicio a lo que más adelante se llamó la doctrina de la justificación por la fe. Aquí, en Génesis 15:6 Moisés comparte el origen de la doctrina. Luego, la amplia el apóstol Pablo en Romanos 4 y en Gálatas 3. Santiago 2:23 también apela al pasaje de Génesis 15 para mostrar la correcta relación entre la fe y las obras y nos enseña que nuestra fe será probada para confirmar que es verdadera, como luego vivió Abraham con su hijo Isaac.

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The Angel Hinders the Offering of Isaac by Rembrandt

Algo que me sorprende profundamente es que Abram no hizo ninguna pregunta sobre los tiempos, creo que, si Sara hubiese estado con él, ella habría sido más específica con los detalles de la promesa, sabemos que a nuestras esposas les gustan los detalles de los planes futuros, algo que nos ayuda muchas veces a ser mas organizados como esposos. El punto es que, ante una promesa de Dios, Dios nos pide confianza en Él y Él muchas veces no da detalles del futuro.

La confianza en Dios implica creer en las hermosas promesas que Él nos ha dado para que vivamos por medio de ellas (2 P.1:3-4), promesas que se convierten en principios de vida. Creerle a Dios que debemos amar al prójimo, perdonarlo, sobrellevarlo y todas las demás cosas que Dios pide que hagamos con nuestro prójimo deben ser fruto de la confianza que le tenemos a Dios y, repito, esa confianza nos debería animar a hacer lo que Él nos pide, porque lo que Él pide es lo mejor para todos nosotros. Si alguien dice “…pero es que usted no conoce a ese hermano, es un dolor de cabeza, es irrespetuoso, es desconsiderado etc.”  se le podría decir que eso es lo mejor que puede pasarle a usted, porque tiene la oportunidad de amar como Cristo lo amó a usted, recuerde que Cristo lo amó cuando usted estaba todavía estaba en sus delitos y pecados (Ef. 2:5), no merecemos el amor de Dios, así como su hermano no merece el amor suyo, pero por fe en Dios ¡ame a su hermano como Cristo lo ama a usted!

En el contexto de Romanos 4 donde el apóstol Pablo repite 2 veces la frase de Génesis 15:6, lo que busca es mostrar que, aunque hayas sido religioso o no lo hayas sido, ningún rito, ninguna marca, ninguna tradición, ninguna ascendencia, ningún apellido, ninguna estirpe, ningún pueblo, ninguna condición te ayudará o te reconciliará con Dios, sólo tu fe en Dios, sólo tu convencimiento de que lo que Dios dice es verdad, porque es poderoso para cumplirlo.

Estamos rodeados de un pueblo religioso, mucha gente va a misa, va al culto, canta alabanzas, te da bendiciones, ayudan a los pobres, etc., esperando que eso tenga alguna retribución, alguna bendición, realmente confían en “la ley del karma” de que todo lo que haces se te devuelve. Pero, hermanos, eso NO ES BÍBLICO. La Biblia enseña que Dios es bueno con nosotros por su sola gracia (Ef. 2:4-7), no porque merezcamos algo. Y debemos ayudar a los demás no esperando algo a cambio (Luc. 6:35), porque ya la recompensa nos ha sido dada en Jesucristo y su regalo de salvación, así que debemos ayudar sólo por amor a Dios, por lo que Dios YA ha hecho por nosotros, sólo por eso. En la relación con Dios lo que importa es la fe, la confianza en él, el pleno convencimiento de que lo que Dios dice es verdad, que él es poderoso para cumplir.

Si tú has creído la Palabra de Dios y ante la justicia divina y ante el juicio inminente de Dios para tu vida has creído en Jesucristo como aquel que pagó tu deuda con Dios, como aquel que sufrió por tus pecados en la cruz, como aquel que recibió el castigo que tu merecías y por ello ahora lo reconoces como Señor y Salvador, ¡tu fe ha sido contada como justicia!

No lo mereces, es cierto, no lo mereces, pero si has creído, has recibido el don de gracia que Dios da, has recibido el regalo de salvación en Jesucristo que Dios te ofrece para que te reconcilies con Él… y con el resto de la creación.

Si usted ha creído, por muy malo que haya sido su pecado, Dios lo perdona y lo lleva al reino de los cielos y su gozo será tan grande que estará dispuesto a pagar a la justicia humana lo necesario para compensar los daños que haya hecho a su prójimo y lo hará sin ningún tipo de temor por el futuro porque sabe que su futuro le pertenece a Dios. Y podrá pedir perdón sinceramente, porque tiene arrepentimiento verdadero. Y podrá aceptar el perdón, porque sabe que Dios lo ha perdonado.

¡¡¡Dios te rescató del mundo de los muertos y te ha trasladado al reino de los cielos!!!

Dios te ha dado vida: ¡¡¡¡usted es santo y además es amadísimo por Dios!!!!

¡Usted es nueva criatura, las cosas viejas pasaron y he aquí todas son hechas nuevas!

¡No dude de la obra que Dios ha comenzado en usted! ¡El que comenzó la buena obra en vosotros la perfeccionará hasta que Cristo venga!

No dude de que Dios lo va a llenar de amor, de valentía, de pasión por el evangelio, de amor por su prójimo, de perdón, de amor, de mansedumbre, de templanza, de paz, de gozo, de todo el fruto que Dios ha prometido. Créale a Dios, lo que Dios ha prometido, alabe a Dios por lo que va a hacer en usted, aunque no lo vea todavía. Créale a Dios que Él lo ha perdonado, que Él lo ha limpiado de su maldad y lo limpiará cada vez que sea necesario, adore a Dios por ello, alábelo, ¡créale y disfrute esa verdad!

Sermón 19 de marzo de 2019

F.Y. Bernal


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