El Síndrome de Sansón

Samson and Delilah (1887) by Jose Etxenagusia
Samson and Delilah (1887) by Jose Etxenagusia

El nombre del articulo lo dice todo, sin embargo, procederé a ampliar qué significa este mal que aqueja principalmente a líderes cristianos, piadosos, cuyas virtudes, cuyos talentos hacen que olviden que hay alguien por encima de ellos. Mi hermano, si usted es líder y además tiene grandes dones y talentos que nuestro buen Dios le ha dado, este mensaje es para usted… y si su primera reacción al leer este párrafo es desecharlo o no seguir leyendo, créame este mensaje es definitivamente para usted. Tiene un síntoma del síndrome de Sansón: “yo sé eso”.

Pero para que entendamos de qué estamos hablando repasemos las características de este personaje bíblico y vamos comparándolas con las características que tienen los que sufren el síndrome de Sansón. Las tres primeras características no son necesariamente malas, pero lo bueno se torna malo cuando es usado inapropiadamente, luego las siguientes características si son pecado:

  • Sentido de llamamiento. Sansón fue apartado desde la infancia para servir a Dios. Para Sansón era claro que Dios lo había apartado desde antes de nacer. Jueces 13:3-5, revela cómo el ángel de Jehová apareció a los padres y les dijo lo referente al niño, los padres seguramente le recordaban eso cada vez que él veía a los otros niños con el cabello más corto y a él nunca le cortaron el cabello. Creció con esa idea en su cabeza. Un líder puede tener un llamamiento claro, un llamamiento dado por Dios y que además es reconocido por la iglesia y eso no es problema. Dios da ese sentido de llamamiento y lo imprime en el corazón del creyente. El problema comienza cuando la dignidad a la que Dios nos designa se convierte en motivo de orgullo humano, esa es la lucha permanente de los líderes cristianos en su corazón.
  • Tiene un talento, don o virtud que le permite sobresalir de los demás. Cuando Dios llama, Él capacita. En el caso de Sansón fue la extraordinaria fuerza (Jueces 14:6,19), pero puede ser la inteligencia o la sabiduría, un ejemplo de esto fue el rey Salomón; también el don de liderazgo, la capacidad administrativa, el carisma, el don de gentes, ser buen músico, ser bueno en matemáticas, tener autodisciplina, tener el corazón para Dios, etc., cualquier don o talento que sobresalga y que nos llene de orgullo… sí, leyó bien, de orgullo. Todo talento extraordinario tiene dos caras: por un lado, es de bendición para servir a otros de maneras extraordinarias y hermosas y, por otro lado, es motivo de lucha permanente contra el orgullo que surge en nuestro corazón al tenerlo.
  • Tiene un liderazgo dado por Dios. Todos reconocen que Dios lo llamó. A Sansón Dios le apartó desde la infancia como se dijo anteriormente, no sólo tiene sentido de llamamiento, sino que además esa convicción interna está acompañada del apoyo del Espíritu Santo que se refleja en el apoyo de la comunidad o la gente que lo rodea (Jueces 13:24-25). La iglesia reconoce el llamamiento del creyente que ha sido apartado por Dios y no me refiero sólo a la iglesia local, sino a los grupos de creyentes donde el líder tendrá influencia, me refiero a la iglesia universal de Cristo.
  • Cree que su talento o fortaleza lo va a rescatar por encima de la aplicación de principios bíblicos. Este punto hay que analizarlo en detalle: Leemos en Jueces 14 que Sansón quiso casarse con mujer no israelita y aunque eso estaba en contra de las leyes de Dios en ese momento, tal como sus padres se lo recordaron (Jueces 14:3), dice la Biblia que esa ocurrencia de Sansón venía de parte de Dios para mortificar a los filisteos (Jueces 14:4). En otras palabras, que Dios use a alguien guiándolo a que haga algo que viola leyes externas que Él mismo ordenó suena paradójico, pero si analizamos cómo obra Dios, no lo es: en algunas ocasiones Dios permite e incluso impulsa algunas acciones de ciertos líderes, y esas acciones pueden romper esquemas e incluso algunas leyes externas. Algo de esa idea se encuentra en comentarios de algunos teólogos que han dicho, por ejemplo: “que el pecado de los pastores permite conocer los corazones orgullosos en las iglesias”. Sin embargo, surge la pregunta: ¿eso valida el pecado de los pastores? De ninguna manera. Pero también es cierto que Dios usa a sus hijos como Él quiere y en algunas ocasiones esos usos se salen de los esquemas tradicionales, como fue en el caso de los profetas Oseas (Os. 1:2) y Ezequiel (Ez.4:12-17), al primero le dijeron que se casara y se mantuviera unido a una mujer adúltera, aunque podía dejarla por la ley de Moisés, y al segundo se le dijo que cocinara con excremento humano seco, lo cual era inmundicia para ellos y era prohibido también. Incluso el mismo Jesús hizo cosas que no eran bien interpretadas. En Mateo 11:19 se le acusa de ser comilón y bebedor con publicanos y pecadores, sencillamente porque Él evangelizaba a este tipo de personas en su propio oikos, es decir, en su propio contexto (antes de seguir, aclaro que Jesús pudo hacerlo porque a Él no le afectaba hacer eso, no iba a producir algún pecado en Él, ni se iba a dejar esclavizar por el pecado). En ese sentido, vemos cómo Sansón desea una mujer no israelita, algo contrario a lo que la ley de Israel dice (Deut. 7:3), sin embargo, Jueces 14:4 dice que el Espíritu Santo lo llevó a ello para pelear contra los filisteos y humillarlos. Y este tipo de situaciones ocurrieron varias veces… tanto, que Sansón tenía la convicción clara acerca de que era instrumento de Jehová para librar a Israel de los filisteos (Jueces 15:18-20). Ante este cuadro, puede surgir la inquietud en el corazón del líder ¿Cómo saber si lo que se hace está en la voluntad de Dios o es simplemente rebeldía? Creo firmemente que una forma de saberlo es revisar si lo que se hace, en el fondo, es una batalla contra el mundo o contra su sistema y cuya victoria contribuye a la extensión del reino de los cielos y que a mediano o a largo plazo trae bendición a la iglesia de Cristo. Otra forma de decirlo es aplicando el principio que Jesús enseña en Mateo 11:19 “Pero la sabiduría es justificada por sus hijos” (RVR 1960) o, dicho de otra forma, por los frutos que produce nuestro accionar sabemos si lo que se hace es correcto o no. Si los frutos son de vida (conversiones a Cristo, libertad para predicar, amor al prójimo, etc.) o si son frutos de muerte (pasiones desordenadas, esclavitud al pecado, culpa, etc.).        En el caso de Sansón, el Espíritu Santo fue claro en explicar que las provocaciones que hacía estaban enfocadas a derrotar a los filisteos (Jueces 14:4). Entonces, ¿Cuál fue el problema de Sansón? ¿Por qué terminó esclavizado y humillado? antes de responder hay que aclarar que no toda muerte trágica de un creyente es consecuencia de pecado. Pero en el caso de Sansón es claro que si lo fue. Básicamente el problema de Sansón fue que confió en quien no debía, expuso su corazón y sus debilidades ante personas no piadosas, en este caso mujeres no piadosas. La tristemente célebre Dalila fue instrumento de perdición para Sansón. Ella supo manipularlo hasta que consiguió que él le revelara su debilidad. Sansón confió que su gran fuerza lo iba a liberar en esa ocasión también, pero no fue así, se confió de su poder y confió en quien no debía, no confió en los consejos de Dios. 
  • Confía en personas que alimentan su ego: Cuando la identidad descansa en lo que hacemos o en las fortalezas que tenemos, somos presa fácil de los aduladores. Nuestra identidad debe descansar en quienes somos para Dios, no en qué hacemos o no hacemos. Sin embargo, es fácil depender de nuestras fuerzas (fue literal en el caso de Sansón) para solucionar los problemas que tenemos o para animarnos y fortalecernos. Esto a veces es sutil, porque el diablo sabe escoger a sus consejeros y regularmente son expertos en adulación. A veces son hermanos cristianos quienes hacen esa labor sin saberlo, el mejor ejemplo de ello es lo que trató de hacer Pedro con el Señor Jesús en Mateo 16:23. Jesús lo supo identificar y detener, pero, la mayoría de las veces, esto no es fácil para los demás.
  • No escucha el consejo de los sabios: Esto es concomitante con el anterior, la excesiva confianza en sí mismo y la cercanía de aduladores va acompañado de la ausencia de escucha a las voces de los padres, otros hermanos, otros líderes, etc. Precisamente por escuchar a los aduladores, las voces de los sabios les parecen molestas o que están juzgando sus acciones. Algunas veces aparenta que los escucha porque “sabe” que es bueno recibir a los sabios y cree que está siendo humilde al recibir personas que lo quieran aconsejar, sin embargo, realmente lo hace como un acto de condescendencia a los menos virtuosos, e incluso cree que es compasivo al escucharlos, porque se dispone a recibirlos y a dejar que hablen, más por amor a no ofender la conciencia de ellos que porque realmente necesite escucharlos, y así, efectivamente no los escucha en su corazón, en el fondo es puro orgullo. En su defensa, podemos decir que cuando alguien se abre caminos tiene que ser terco y constante, pero la respuesta a eso es que también es cierto que cuando alguien empieza un nuevo ministerio o una nueva obra para Dios, si el consejo viene de Él, viene con todo el paquete que da Dios: paz, amabilidad, claridad, etc., como lo dice en Santiago 3:17, por lo que no deja de escuchar sinceramente e incluso aplica los consejos de los sabios (Prov. 11:14). Son ejemplos de líderes que escucharon consejo: Moisés cuando se reunió con su suegro Jetro (Éxodo 18) y David cuando escuchó los consejos de Abigail en lo tocante a la venganza que trataba de tomar con sus propias manos (1 Samuel 25).
  • Cree que se puede escapar del juicio de Dios: En Jueces 16:20 vemos la triste realidad a la que se enfrentó Sansón cuando se vio rodeado de enemigos: “pero él no sabía que Jehová ya se había apartado de él”. Es inimaginable el desconcierto de Sansón en ese momento, no sabía que Jehová se había apartado de él. Estaba confiado en que iba a librarse como en las otras ocasiones usando su fuerza sobrenatural y no tenía temor. Ahora seguramente experimentó algo que nunca había sentido: impotencia y desconcierto, en ese momento estaba solo. La gracia de Dios está en que no lo mataron inmediatamente y luego pudo cobrar venganza, pero no dejó de ser profundamente doloroso, el sentimiento de soledad, el vacío, la traición de quien amaba y sin el respaldo de Dios para escapar. Tristemente fue consecuencia de la decisión que tomó de confiar en quien no debía y dejar de lado los consejos de sus padres. Estaba recogiendo los frutos de su mala decisión y el juicio era fuerte.

Para todos fue claro que Dios usó a Sansón, a pesar e incluso usando su propio pecado. Pero, aunque Dios en su poder y soberanía haya usado a Sansón, conforme al consejo que Dios mismo ha establecido desde la eternidad, eso no exime a Sansón, como individuo delante de Dios, de haber violado conscientemente los mandamientos explícitos de Jehová por confiar en que su posición privilegiada le excusaba no cumplirlos. El final de Sansón fue trágico, con un sabor agridulce, murió sin ojos y encadenado, pero llevándose consigo a 3000 filisteos. Algunos podrían decir que para eso existió y su desobediencia fue instrumento de Dios, sin embargo, su final no apoya esa teoría, Dios no lo dejó sin castigo personal y aunque se llevó muchos enemigos de Israel en su muerte, lo cierto es que también murió esclavizado y sin ojos. Hebreos 11:32-34 confirma que Sansón fue un héroe de la fe, porque al final su fe en Dios le permitió llevar a cabo su obra final, pero se demoró demasiado para confiar en Él. Ojalá el final de nuestra vida no sea agridulce y aunque veamos que Dios nos usó, no dejemos una estela de dolor y sufrimiento tras nuestros pasos. Otro que tuvo el síndrome de Sansón fue el rey Salomón, al final su confianza en sí mismo lo llevó a dejarse influenciar por las mujeres impías y terminó adorando a otros ídolos (1 Reyes 11), las consecuencias fueron funestas para el pueblo de Israel.

Reconciliémonos con Dios, humillémonos sinceramente, entreguemos cada día los dones y talentos que Él mismo nos ha dado, para que cada día sea Él usándonos y no nosotros usando lo que no es nuestro. NO confiemos en los aduladores, escuchemos las voces de los sabios, NO estamos solos, NO somos los únicos. Sanemos heridas, humillémonos voluntaria y permanentemente, sigamos sus principios y Dios llevará nuestros talentos a nuevos niveles, “escuchad” dice Jehová…


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