Isaías 35:1 – 4 El Señor mismo vendrá

contexto isaias 35

Figura 1. Contexto del Capítulo 35 en Isaías

El Capítulo 35 de Isaías se encuentra precisamente entre dos capítulos que muestran la complejidad de la situación de Israel y Judá en la época de Isaías, por un lado, las naciones circundantes se encuentran practicando todo tipo de vida inmoral como consecuencia de su idolatría, muchas de ellas son naciones grandes y fuertes, las cuales han influenciado en muchos israelitas, produciendo un pueblo cuya santidad no se ve, se perdió su distintivo como pueblo de Dios, empezando por los reyes, algunos de los cuales incluso, practicaron idolatría. Por otro lado, en el capítulo 36, Senaquerid prepara la invasión a Judá. El ejército Asirio es uno de los más grandes de esa época, con un poder avasallador, dejando una estela de muerte y destrucción a su paso para los pueblos que no se doblegaran ante ellos. En medio de esa atmósfera de injusticia, impiedad, temor a las invasiones, el judío piadoso podía fácilmente perder el rumbo y podía entrar en pánico, dejando que el temor gobierne su vida, angustiado cada día por su vida y la de los suyos, perdiendo toda esperanza ante ese tipo de problemas gigantes que lo rodean, ¿qué más hacer? ¿no hay adonde ver? ¿no hay opciones? ¿No hay esperanza?

El capítulo 35 surge como una luz en medio la oscuridad, como un grito de alegría en medio de la desesperación, como una trompeta que anuncia la liberación, la ayuda y la fortaleza que tenemos de nuestro lado…

Aunque la versión Reina Valera 1960, llama a este capítulo El futuro glorioso de Sion, recordemos que los nombres de los capítulos no son inspirados, por lo que estaría más de acuerdo con el nombre que aparece en la Septuaginta: EL SEÑOR MISMO VENDRÁ, creo que es más coherente con el sentido del pasaje como veremos más adelante.

Haré una relectura del pasaje, usando la Septuaginta y una versión hebrea para entender un poco más lo que dice este pasaje. El capítulo comienza con un imperativo con una orden dada al desierto y a los sedientos:

Regocijaos!!! Desierto, oh sedientos! ¡Salten de gozo!

Oh desierto! Florezcan como el lirio….

¡Imagínense!  ¡ordenar al desierto que florezca! Y con lirios, recordemos que el lirio, sólo nace en los humedales, en las zonas donde hay mucha humedad. Es decir, ¡le están ordenando al desierto que saque aguas de donde no tiene para que manifieste su alegría! A un desierto… otra palabra que usa la versión Reina Valera es yermo, es decir, un terreno completamente seco, sin vida, y aun así debe sacar agua y producir lirios… ¿qué razón tan poderosa debe haber para impulsar al desierto a producir lirios?, el pasaje continúa

Habrá abundancia de flores, de cantos y de alegría,

La gloria del Líbano le será dada, y el honor al Carmelo…

cedro del libano

Figura 2. Foto del Cedro del Líbano. Fuente: Atlas Westminster de la Biblia.

Habrá alegría dice el pasaje, habrá fiesta, jubilo, cantos, flores, en fin, todo lo que hace un pueblo cuando está alegre, y no sólo eso, sino que el Líbano tendrá su gloria. Según narraciones antiguas el Líbano era una de las regiones más hermosa de la zona, bosques enteros de cedros del Líbano, con una altura imponente, tal como se observa en la Figura 2, observen el tamaño de la persona comparado con el tamaño del árbol, y además no sólo es alto, sino que sus ramas cubren gran espacio, dando sombra a quienes buscan refugio en ellos, imagínense un jardín de ellos, es hermoso…lo mismo con el Carmelo, dicen que el monte Carmelo fue uno de los más hermosos del mundo, un filósofo sirio del siglo IV A.C. dijo que era “el más santo de todos los montes”, de hecho su nombre en hebreo significa literalmente: “viñedo del Señor” darle honor al Carmelo, era restituir su significado, lo que significa el monte para Dios, como un lugar de especial atención por parte del Creador.

La pregunta es ¿a qué se debe tan gran alegría, tan gran emoción, tanto que incluso la naturaleza se dispone con todo su hermoso ropaje verde y de todos sus colores y frutos? La frase siguiente responde:

…y mi pueblo verá la gloria del Señor y la estatura(dignidad) de Dios.

Tanta emoción, tanto alboroto de alegría, tanta exultación, es sólo una cosa: ¡el Señor vendrá y le veremos y no sólo le veremos, sino que veremos, su estatura, su fuerza, su poder y lo mejor es… que vendrá por causa de nosotros! Si nos impresionó la estatura del cedro del Líbano, mucho más nos impresionará la estatura de nuestro Dios, si nos sentimos cobijados y protegidos por un árbol así, mucho más nos cobijará y nos protegerá nuestro Señor, ¡Él es nuestro y nosotros de Él! Por esa razón, ahora el profeta nos habla y nos ordena a nosotros:

¡Sean fuertes!!!

¡Así como el desierto sacó aguas de donde no tenia, así saquen fuerzas de donde no tienen! Pero ¿cómo voy a sacar fuerzas, sino tengo más? preguntará alguno.

La palabra hebrea usada no hace énfasis en nosotros, sino en que nos fijemos en él, como en la Epístola a los Hebreos 11:27, se dice que Moisés no temió la ira del Faraón sino, que se sostuvo como viendo al invisible, así debemos mirar a nuestro Dios, debemos mirar su estatura, su fuerza, su poder, y que ¡Él está con nosotros! Debemos creerle y mirarlo fijamente para que podamos tener fuerzas de donde no hay, debemos vaciar nuestra mente de toda la basura del mundo, de lo que dicen los periódicos, de los que dicen los noticieros, de los problemas que nos rodean, debemos mirarlo a él y él nos fortalecerá para hacer las grandes cosas que debemos hacer, aun en medio de las circunstancias más imposibles, haremos grandes cosas para Dios si sólo lo miramos fijamente a él, a lo que nos dice en su Palabra, a quien es él. Porque el pasaje nos exhorta diciendo:

¡Sean fuertes!!! Oh manos cansadas (debilitadas) y rodillas endebles

¡Consuélate!!! Oh de corazón temeroso o apocado

Nuestras manos se debilitan y nuestras piernas no dan más cuando estamos débiles, y estamos débiles por cansancio, por temor, o por hambre. El mundo que nos rodea quiere que nos paralicemos de miedo, como dice en el pasaje, de corazón apocado, lo cual significa, de poco animo en la mente, y esto se da porque creemos que el mundo que nos rodea es más grande que nosotros, pero lo que dice el pasaje es que él que está con nosotros es más grande que el mundo, no hay razón para temores, ni miedos, ni dudas…por eso, el pasaje continua diciendo:

¡Sean fuertes!!! No teman!! He aquí nuestro Dios juzgará y recompensará.

Él mismo vendrá y Él nos salvará.

No hay que temer, nuestro Dios, oigan bien, NUESTRO DIOS, pagará a cada uno conforme lo que ha hecho, cobrará las injusticias que se hayan cometido contra nosotros, las burlas, las ofensas, las muertes, las persecuciones, las mentiras, todo lo que se ha hecho para acabar con el pueblo de Dios ¡será juzgado y cobrado! Oh que gran consuelo, nuestras lagrimas no pasaran desapercibidas para el Señor nada será pasado por alto, hasta al más pequeño del pueblo de Dios se le hará justicia. ¿Y por qué? ¡Porque el mismísimo Dios y Señor vendrá y nos salvará! ¡el mismísimo Señor, el mismísimo Creador, el todopoderoso, el juez de toda la tierra, Él vendrá y hará lo justo y lo bueno por su pueblo! Y esta profecía se ha cumplido en Cristo, en Jesucristo. El Señor vino se hizo hombre y nos salvó del pecado y de la muerte. Debemos mirar a Jesucristo así como un sediento mira un vaso de agua o un hambriento mira un plato de comida, Jesús es el único que puede calmar nuestra hambre espiritual, es el único que puede fortalecernos y eliminar nuestro temor. Como dice el famoso Himno Dilo a Cristo:

Cuando estés cansado y abatido,

dilo a Cristo, dilo a Cristo,

Si te sientes débil, confundido,

Dilo tan solo a Él

 

Dilo a Cristo,

Él es tu amigo más fiel;

No hay otro amigo como Cristo,

Dilo tan sólo a Él.

 

Cuando estés de tentación cercado,

mira a Cristo, mira a Cristo,

cuando rujan huestes de pecado,

mira tan solo a Él

 

Es como una obra en crescendo culminando con la llegada triunfal y majestuosa de nuestro Señor. La Biblia dice que nos salvará, es decir, que nos rescatará, nos traerá a él y nos mostrará todas las opciones que tenemos para la vida, volverá ancho el camino y, como dice un himno “…estaremos alegres…”

Hermanos sabiendo que nuestro Dios cumplió y vino en Jesucristo, para iniciar la extensión del reino de los cielos, usándonos a nosotros como piedras vivas, como partes del cuerpo de Cristo hasta que venga por segunda vez, para cumplir esta profecía completamente y entonces estaremos en su presencia, tengamos ese ánimo que le piden al desierto, seamos fuertes, seamos pacientes, no nos desanimemos con los problemas que estamos viviendo, pongamos la mirada en nuestro Señor y Dios, en nuestro Salvador, sólo así podemos animarnos nuevamente y encontrar fuerza de donde no hay para seguir adelante en este peregrinaje hacia la ciudad celestial. Cuando Juan el Bautista estuvo preso, tuvo una crisis de fe y mando a preguntar a Jesús si él era el que había de venir o había que esperar a otro (recordemos que Juan bautizó a Jesús y vio y oyó lo que Dios hizo y dijo cuando Jesús fue bautizado), porque en medio del problema tan fuerte en que estaba es muy humano dudar. Jesús amorosamente le respondió con el pasaje Isaías 35 para animarlo y consolarlo y confirmarle que él era el Señor mismo que había venido a cumplir lo prometido.

F.Y.Bernal

Sermón 10 de diciembre de 2017

 


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